Dzyuba, el goleador inesperado

El gigante de Rusia llegó de rebote a la selección tras dos años en blanco y un partido le bastó para enviar a la estrella Smolov al banquillo


Valery Karpin lo desterró en su día y le marcó dos goles con el excéltico entrenando al Rostov. Roberto Mancini no lo quiso en el Zenit, lo cedió al Arsenal de Tula, el ariete pagó los 75.000 euros de la cláusula del miedo de su bolsillo y anotó un tanto para empatar el partido y restregarle al italiano el nombre de su camiseta. Como los anteriores, Stanislav Cherchesov, el seleccionador ruso, tampoco contaba con Dzyuba, un ariete de tallo largo. La niña de sus ojos era Smolov, el delantero del Krasnodar, pero como los resultados no llegaban en la última ronda de amistosos y además se lesionó Alexander Kokorin, el máximo artillero del campeonato ruso, tuvo que meterlo en la lista definitiva de 23 pese a llevar dos años sin ir convocado.

En el primer partido, ante Arabia, Dyuba salió desde el banquillo y 89 segundos después de pisar el campo marcó de cabeza; y además dio una asistencia. Semejante efectividad le llevó a la titularidad ante Egipto, en donde ejerció de imán. Todo lo que sucedió el ataque pasó por sus 196 centímetros, golazo incluido, acompañando a su capacidad para rematar cuanto balón aparecía en el área arrobas de calidad.

Sin duda, el 2018 está siendo el año de las venganzas de Artem Dzyuba (Moscú, 1988), un delantero que apuntaba alto (marcó 17 goles con el Rostov en la campaña 13/14), que jamás salió del fútbol ruso y que tenía todas las papeletas para ejercer de espectador en vez de protagonista. Incluso su futuro estaba en el aire al tener que regresar al Zenit, en donde le quedan dos años más de contrato. «Estoy en la luna. Fue un camino desafiante. Me gustaría decir que probablemente todo sucedió por una razón. Tuve que superar muchos obstáculos», proclamó el futbolista después de su espectacular partido ante Egipto.

Porque da la impresión de que Dzyuba ha llegado al once de Rusia para quedarse. En un Mundial en donde el nueve tradicional (rematador, de envergadura y dominio del juego aéreo) se reivindica, él ya se ha hecho un nombre en la corte del gol. Curiosamente, hoy será la principal amenaza de una selección que presume de nueves como nadie. Pero ni Cavani, con el glamur del PSG, ni el depredador Suárez andan la mitad de finos que el ruso que nadie esperaba.

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