El premio a la persistencia


La victoria  de Alemania supone un premio a la persistencia. Ha sido una selección que desde el primer momento ha tenido un guion que ha querido plasmar. Y ha sido fiel al mismo.

Con un modelo de juego bien definido y combinativo, en el que los cambios de ritmo los decide el hacer cuando los cree conveniente, duerme el balón mientras espera la oportunidad. Juega con el esférico en el pie y espera a que aparezcan los espacios. A partir de ahí, trata de explotar el uno contra uno, o el dos contra uno, incluso los centros al área subiendo con gente potente por arriba.

Y cuando alguien cree en algo, lo mejor es ser fiel a sus principios. Algo que ha sabido hacer Alemania. Ha insistido en sus intenciones, pero de forma bien aderezada con algo tan importante en el fútbol como es la existencia y puesta en marchad e un plan B. Ahí es cuando sale Mario Gómez y ayuda con su corpulencia fijando a los centrales, atrayendo futbolistas a su zona de marcaje y dejando espacio para que otros más desmarcados aparezcan en segunda línea y tengan más presencia en el área cuando llega la hora de centrar.

Esa, sin duda, ha sido una de las claves del partido. Lo que ha propiciado que, por momentos, Alemania tuviese más espacios y, sobre todo, comprimiese más la defensa sueca, ensanchando el campo.

Cierto que ha sido una selección intermitente, lo que le ha hecho sufrir. Además, le falta pólvora arriba. Necesita de muchas ocasiones (tuvo ocho o nueve claras) para marcar. Pero como le sucede a las grandes, al final, aparecen los buenos y marcan las diferencias, permitiendo que Alemania presentara ayer sus credenciales para ganar el Mundial, algo que muchos dudaban.

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