Saque de banda con voltereta


Parece una locura. Pero España invitaba aun saque de banda con voltereta. Y fue lo que hizo el iraní Milad Mohammadi en el último instante del partido. Se impulsó, saltó en el aire... y se pasó de la línea de cal antes de poder soltar el balón. Como la gimnasta que se sale del tapiz en la última diagonal. Ante el fracaso, Mohammadi tuvo que repetir la jugada, pero de forma ortodoxa. Probablemente fue el gesto más estético del duelo. Quizás el defensa quería desconcertar a los rivales con su

filigrana. Como cuando Michael Chang le plantó un saque de cuchara a Ivan Lendl en Roland Garros. Pero la verdad es que los españoles ya venían desconcertados de casa. La posesión del balón es una cortina que no debe impedir ver el paisaje, el jardín en el que estuvo metido ayer durante gran parte del encuentro la selección de Fernando Hierro. España realizó más de trescientos pases más que Irán y eso no significó absolutamente nada. Al principio parecía un sucedáneo de aquel Barcelona que tocaba hasta el mareo y que, en aquel mareo, no lograba encontrar el camino hacia la portería. Pero todo fue a peor. Mucho peor. Sin acelerador delante y sin frenos atrás. Un gigantesco flan sin nata.

En Ben-Hur, antes de la famosa carrera de cuadrigas, hay una escena en la que se retratan con palabras los cuatro caballos que van a competir. «Rigel, mi veloz amigo... No debes ganar la carrera en la primera vuelta. Gánala en la última. No puedes ganar solo. Espera a los demás». «Antares, eres como una roca, serás nuestro ancla». España no tiene un Rigel, un Cristiano Ronaldo o un Antoine Griezmann que se desboque. Pero también necesita un Antares para los momentos de zozobra. Le falta un ancla. Hasta Gerard Piqué confesaba hace años que Carles Puyol no permitía que se relajara nadie ni en los amistosos en los que su equipo estaba ganando por goleada. Intensidad, pero también temple, el faro en durante los temporales. En esta última tormenta la selección ha salvado el barco de milagro. Quién sabe si es una bofetada a tiempo. El problema es que, a la hora de sacar conclusiones del partido, Hierro ha estado como Joaquín Sabina en su último disco. Lo niego todo. Otra voltereta.

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