Intrigas en Krasnodar

Ramos lideró el pulso para que Rubiales mantuviese a Lopetegui


La sala de prensa del búnker de centración de la selección española en Krasnodar era ayer por la mañana un hervidero cuando el retraso en la comparecencia prevista de Luis Rubiales y Julen Lopetegui desató todo tipo de comentarios. Algunos jugadores no bajaron al desayuno porque era opcional y asistían al proceso de rumorología con sorpresa. Sergio Ramos ya había comentado con Fernando Hierro que, pese a estar muy decepcionado con la decisión de Lopetegui, apostaba por la permanencia del vasco en el banquillo. No era el único. Si bien es cierto que los futbolistas estaban sorprendidos porque «la noticia cayó como una bomba», y algunos consideraban que les había dejado «un poco colgados», no se planteaban un cambio en el banquillo. Rubiales, muy nervioso desde que supo la noticia estando en Moscú, primero por boca de Florentino Pérez y después por la de Julen Lopetegui, es un hombre de sangre caliente. A la llegada al aeropuerto de Krasnodar, tras un vuelo en el que no paró de consultar el móvil, se le veía desencajado. La presencia de periodistas en la terminal pidiendo que confirmara que Lopetegui estaría en el banquillo en Sochi no ayudó a sofocarle. Hierro, con el que Lopetegui forjó una buena relación en su etapa como jugador del Madrid, era partidario de no cambiar.

Se produjeron las primeras reuniones ayer, después de que la noche del martes hubiese una tensa conversación entre el seleccionador y Fernando Hierro. El director deportivo, que desde la salida del director de márketing, Vicente Casado, el 30 de mayo, no está igual de cómodo en la casa, y mantuvo la citada charla con Ramos. El capitán le insistió que lo mejor era que Lopetegui siguiese en el cargo. Aceptaba que el momento del anuncio del Madrid, en el que fue parte al recomendar a Florentino Pérez la contratación de Lopetegui, había sido inoportuna, pero que relevarle dos días antes del debut era una mala idea. Salió a colación incluso que Luis Aragonés tenía un acuerdo con el Fenerbahçe al terminar la Eurocopa 2008... que acabó co ntítulo en Viena. «No es comparable», decían, insistiendo en que las situaciones no eran iguales, que tanto él como Louis van Gaal (en el Mundial del 2014 con el Manchester United) o Antonio Conte (con Italia antes de irse al Chelsea en el 2016) ya habían avisado.

A Rubiales su equipo de colaboradores le pedía que tomara una decisión drástica, que «la traición» hecha por un técnico al que renovó hasta el 2020 a los seis días de llegar al cargo debía tener un duro castigo. Cambiar de técnico. Y poner a uno de casa. Hierro, como responsable deportivo, tenía que asumir el cargo. No se podía comer el marrón otro. No había una decisión clara y quedaban menos de 30 minutos. Se informó del retraso en la comparecencia. A 57 horas para el inicio del torneo, al que España llega imbatida desde el 2016, se debatía un cambio de seleccionador. Albert Celades, presente en Krasnodar, era el otro candidato posible. Los jugadores insistían en que Lopetegui siguiera en el cargo. Pero la decisión estaba tomada. Primero se destituyó al seleccionador.

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