WillyBit: la tecnológica con ADN gallego que quiere democratizar las finanzas

Olga Suárez Chamorro
Olga Suárez REDACCIÓN

TECNOLOGÍA

El chantadino David Ramil, fundador de WillyBit
El chantadino David Ramil, fundador de WillyBit

El chantadino David Ramil y el viveirense Rodrigo Insua están detrás de una «fintech» creada para acercar los mercados financieros a cualquier ciudadano

21 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Detrás de las innovaciones tecnológicas más disruptivas suelen esconderse historias humanas marcadas por la resiliencia y la superación. Es el caso de WillyBit, un ecosistema educativo y tecnológico enfocado en el ámbito fintech, creado con el objetivo de acercar los mercados financieros a cualquier persona, independientemente de sus conocimientos previos o experiencia en el sector.

Fundada por el chantadino David Ramil Eiriz, esta start up nació con el objetivo de «transformar un entorno tradicionalmente complejo y poco accesible», según su propio fundador. Su propuesta no consiste en enseñar a hacer trading convencional, sino en desarrollar un software que facilite la toma de decisiones y «permita acceder a estrategias automatizadas de forma sencilla, transparente y totalmente controlada por el propio usuario». 

Su modelo operativo se basa en trasladar estrategias previamente probadas a un entorno digital automatizado. Los usuarios pueden parametrizar de forma autónoma variables clave de riesgo y capital. «Esta automatización permite mitigar la carga emocional y las decisiones impulsivas, dos de los factores que provocan las mayores pérdidas en perfiles principiantes». explica Ramil.

A diferencia de otras entidades, WillyBit es una empresa de software y formación. La firma no custodia fondos ni intermedia en las operaciones: los clientes operan directamente a través de sus propios brókeres, manteniendo en todo momento la titularidad de su dinero. La plataforma complementa su propuesta técnica con acompañamiento formativo para reducir errores habituales, promoviendo la educación financiera.

Pese a su original propuesta, la empresa estuvo cerca de no ver la luz: en agosto del 2025, el fundador y su socio, el viveirense Rodrigo Insua, alcanzaron un acuerdo «a la antigua usanza, cerrado con un apretón de manos», con un importante empresario del sector de importación y exportación. El pacto estipulaba una inyección de 248.000 euros a cambio del 25 % de la compañía, lo que aseguraba el desarrollo del proyecto. Sin embargo, tras asumir los costes legales y adaptar los estatutos de la start up, el inversor dio marcha atrás de forma inesperada a principios de octubre. Con una estructura de financiación inicial prevista de casi 500.000 euros reducida drásticamente, la viabilidad de la empresa se vio comprometida.

Lejos de rendirse, Ramil Eiriz decidió recapitalizar la compañía prácticamente con recursos propios. Vendió sus ahorros personales para arrancar con unos 70.000 euros, renunciando al sueldo y asumiendo internamente, junto a su socio, tareas operativas, legales y de programación. Así, lograron rescatar y poner en marcha la compañía. Hoy, ya superada la crisis, afirma que esta vivencia puso de manifiesto las trabas que afrontan los emprendedores en España, un país que, según el fundador, «necesita reducir la burocracia e inspirarse en modelos digitales ágiles». De hecho, la sede de la empresa está radicada en Chipre, país donde reside Ramil, aunque tiene delegación en A Coruña, donde esperan abrir oficina próximamente. Cuenta con ocho trabajadores y ha implementado un sistema similar al de las stock options, que permite a los empleados clave adquirir participaciones del capital en función de su desempeño.

El valor de la propuesta de esta compañía ha atraído la atención de figuras e instituciones del sector, como Miguel Ángel Rodríguez, ex alto directivo de Banco Santander, que se ha sumado al proyecto como embajador de la marca. Además, WillyBit está ultimando una alianza estratégica educativa con el gigante tecnológico de los mercados financieros TradingView, utilizado por más de 100 millones de inversores en más de 180 países. La propia plataforma mostró interés tras comprobar el ritmo de desarrollo de la startup de los gallegos.

Actualmente, WillyBit enfoca su mercado inicial en España, con usuarios que ya están utilizando la plataforma para aprender y gestionar sus operativas autónomamente. De cara al futuro, la compañía busca escalar el producto a nuevos nichos e incorporar inversores estratégicos que aporten valor funcional para consolidarse como una referencia en la automatización financiera.

David Ramil es originario de Chantada (Lugo), aunque reside en Chipre
David Ramil es originario de Chantada (Lugo), aunque reside en Chipre

Un fundador moldeado por la resiliencia y las experiencias límite

La determinación detrás de WillyBit también se explica a través de la intensa trayectoria vital de su creador. Criado en Chantada en el seno de una familia humilde, su infancia estuvo marcada por la tragedia tras presenciar el fallecimiento de su hermano menor en un atropello. Años más tarde, tuvo que enfrentarse a una enfermedad neurológica rara que puso en riesgo su vida.

Hoy explica que estas experiencias forjaron una personalidad resiliente que le ha llevado a buscar constantemente salir de su zona de confort. En el 2014 emigró a Malta, donde empezó trabajando como camarero, mayordomo en un hotel, moderador en Wallapop, hasta llegar a lanzar su propia empresa de exportación de vinos.

Licenciado en Políticas, máster en Administración Local, posgrado en Comercio Exterior y con estudios de Derecho, su vocación por el impacto social también le llevaron a adentrarse en escenarios geopolíticos en riesgo, como Siria, en plena guerra contra el ISIS, a donde viajó de incógnito desde Beirut a Damasco. También estuvo en Ucrania justo antes de la invasión rusa y ha recorrido más de cincuenta países. Toda esta visión internacional se encuentra intrínseca en la cultura corporativa de WillyBit. Y, aunque sea un proyecto global gestionado desde el extranjero, Ramil reivindica que la empresa mantiene un claro «ADN gallego», cimentado en la honestidad, la cultura del esfuerzo y el compromiso a largo plazo.