Inteligencia artificial contra el desperdicio en Galicia: la tecnología que ayuda a ahorrar 1.800 toneladas de alimentos
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A través de «machine learning», algoritmos en tiempo real y analítica de datos, más de mil comercios gallegos optimizan su excedente a través de la aplicación Too Good to Go
17 jun 2026 . Actualizado a las 08:11 h.La conjunción entre la vanguardia tecnológica y una de las tradiciones culturales más arraigadas de Galicia como es el aprovechamiento alimentario ha dado forma a una revolución en los comercios de la comunidad. En una zona donde el respeto por la comida ha sido un pilar en los hogares, con platos tan característicos como el caldo gallego o la empanada, concebidos para dar una segunda vida a los alimentos, la inteligencia artificial y el machine learning desarrollado por la compañía Too Good to Go han encontrado el ecosistema perfecto para triunfar. La compañía tecnológica se asentó en los primeros comercios gallegos en el año 2019 como una iniciativa para concienciar sobre el impacto ambiental del desperdicio, pero hoy se ha transformado en una infraestructura tecnológica que ayuda a ahorrar frente a la inflación.
Su producto estrella son los conocidos Packs Sorpresa, excedentes de los establecimientos que, según se acerca el final de la jornada, prefiere vender a precio reducido para evitar que termine en el contenedor de basura. Para gestionar este excedente y conectar de manera eficiente la oferta con la demanda, la plataforma despliega tecnologías avanzadas de machine learning.
A través de un sistema algorítmico, analiza múltiples señales en tiempo real: desde las preferencias históricas de los usuarios y sus interacciones dentro de la aplicación, hasta las cancelaciones de última hora o la aparición repentina de nueva oferta de packs en una zona determinada. Con todo este volumen de datos, la IA optimiza las recomendaciones de forma continua, mostrando a cada consumidor las opciones más relevantes según su localización, gustos y hábitos de consumo. El objetivo técnico es claro: lograr que la comida encuentre un comprador idóneo antes de convertirse en un residuo.
Cuando desembarcó en Galicia, las ofertas de Too Good to Go estaban fuertemente concentradas en el comercio de proximidad: panaderías, pastelerías y fruterías de barrio fueron las pioneras en probar el sistema. «Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó tras la pandemia, un momento en el que la concienciación ambiental se duplicó y grandes cadenas de supermercados con fuerte arraigo y presencia en la comunidad como Vegalsa-Eroski, Carrefour o Alcampo decidieron integrar la solución en sus dinámicas comerciales», explica Marie Lindström, directora general de Too Good To Go en España.
En la actualidad, cuentan con más de mil establecimientos registrados, repartidos por las cuatro provincias gallegas, y ha llegado hasta los puestos de las plazas de abastos locales en ciudades como Vigo, Pontevedra, Santiago y A Coruña.
Uno de los mayores desafíos técnicos para los ingenieros de la plataforma fue perfeccionar los sistemas de geolocalización y mapas con el fin de garantizar que la conexión entre comercios y usuarios fuera igual de eficiente en las grandes ciudades que en las localidades medianas y del interior. De hecho, la red se extiende por municipios y comarcas más pequeñas como O Valmiñor, A Mariña lucense, Cangas o Carballo, donde los comercios locales se han sumado activamente a la plataforma.
Pero además, han conseguido saltar las barreras demográficas gracias al boca a boca: aunque el perfil medio del usuario a nivel nacional se concentra en la franja de los 25 a los 44 años —principalmente familias de tres o cuatro miembros—, Lindström observa en Galicia un fenómeno de adopción intergeneracional: cada vez son más las personas mayores que utilizan la aplicación gracias a la recomendación de sus hijos o nietos. «amigos. En muchos casos llegan atraídos por el ahorro, pero también por la posibilidad de ayudar a que los alimentos no se desperdicien, por esa mayor conciencia sobre el aprovechamiento», destaca.
Con el fin de aportar mayor flexibilidad al proceso logístico de recogida, sus creadores han implementado funciones de diseño de experiencia de usuario como Pide a un amigo, que permite delegar la recogida del paquete en un tercero de forma autorizada a través de la interfaz; y también han creado categorías que permiten a los usuarios adquirir excedentes de grandes marcas y fabricantes de alimentación con descuentos de hasta el 70% y recibirlos directamente en sus domicilios particulares, abriendo una vía de ahorro para aquellos que no tienen comercios físicos adheridos cerca.
Tanto para compradores como para vendedores la plataforma ofrece una interfaz avanzada de analítica de datos. A través de un panel de control automatizado, los comercios gallegos pueden monitorizar al detalle sus indicadores de impacto, como el número total de packs salvados hasta la fecha, los ingresos financieros recuperados gracias a dar salida a ese excedente o el impacto medioambiental directo, traducido en la mitigación de la huella de carbono. Por su parte, el usuario, puede visualizar en su pantalla el dinero ahorrado y el impacto verde de sus decisiones de compra.
De la huella ambiental al bolsillo
Aunque el fin inicial era medioambiental, la adopción de esta tecnología ha dejado de ser una tendencia puramente ecológica para convertirse en una herramienta financiera dado el actual contexto socioeconómico de subida de la inflación. Según los informes de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el coste medio de una cesta de 100 productos básicos se sitúa ya en los 321 euros mensuales, el importe más alto registrado desde junio del 2024.
La responsable de Too Good to Go para España subraya la masiva respuesta de la comunidad gallega ante esta coyuntura económica; en estos siete años, se han salvado más de 1,8 millones de Packs Sorpresa en la comunidad, lo que traduce como haber evitado el desperdicio de más de 1.800 toneladas de alimentos. «El ahorro ambiental derivado de la comida salvada en Galicia equivale a evitar la emisión de más de 4,8 millones de kilos de CO2 a la atmósfera», lo que equivale al efecto de 844 aviones dando la vuelta al mundo, evitar el desperdicio de más de 1.400 millones de litros de agua.