Solo el 10 % de los estudiantes contrasta las respuestas que recibe de la inteligencia artificial
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Un estudio con más de 3.700 alumnos de ESO y bachillerato evidencia la necesidad de formar a los jóvenes en el uso de la nueva tecnología
21 sep 2026 . Actualizado a las 12:50 h.La inteligencia artificial ha impactado de pleno en la educación. Si los millennials utilizaron páginas como El Rincón del Vago o la enciclopedia Encarta para realizar sus trabajos de instituto, los jóvenes de ahora han abrazado ChatGPT y Gemini. Un estudio elaborado en Cataluña, en el que ha participado la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), evidencia un problema que los profesores llevan meses constatando: los alumnos no contrastan las respuestas que reciben de la IA, incurriendo en errores de bulto e imprecisiones.
El trabajo contempla las respuestas de 3.700 alumnos de ESO y bachillerato de 17 centros educativos diferentes. La principal conclusión que permite extraer es que solo el 10 % revisa los datos que obtiene de los sistemas de IA. Un 23,8 % verifica a menudo; el 32,9 % lo hace a veces; un 21,7 %, raramente y un 11,5 % confiesa que no comprueba nunca. El estudio incide en que el conocimiento sobre la IA es desigual, con el autoaprendizaje como vía fundamental para conocerla. Un 34,8 % del alumnado declara que su dominio es bajo o muy bajo, por el 46,6 % que se sitúa en los niveles altos.
El análisis evidencia que el uso más extendido de la IA es para crear textos, mientras que la generación de imágenes, vídeos, códigos y simulaciones es más residual. Los autores, entre los que se encuentran los investigadores Marta López Costa, Antoni Badia y Lorena Becerril, constatan que la tecnología ya forma parte de la vida cotidiana de los jóvenes: el 54,9 % de los encuestados declara que utilizan dispositivos electrónicos para estudiar entre una y tres horas diarias, mientras que el 27,1 % señala que los utiliza más de tres horas.
El siguiente paso
Los impulsores del trabajo defienden la necesidad de construir una cultura pedagógica del uso de la IA y de que los centros pasen de una reacción puntual a una estrategia real. «Hay que transitar de un uso intuitivo a una competencia digital académica crítica y sistematizada», dice Marta López. «La escuela no puede dar la misma respuesta a todas las etapas: en la ESO hay que alfabetizar en IA, mientras que en bachillerato hay que exigir autoría y capacidad de defender el proceso que se ha seguido», añade Ramon Puig, otro de los implicados en el estudio.
Enseñar a verificar la información obtenida es un reto al que se enfrentan los docentes, lo que López considera que «tendría que ser una competencia central: contrastar respuestas, buscar fuentes fiables, detectar errores, entender sesgos y no confundir fluidez textual con veracidad». Añade que los jóvenes deben saber cuando la IA es una ayuda legítima y cuando se debe limitar su uso.
Los investigadores consideran que los centros deben enviar un mensaje homogéneo sobre la tecnología, ya que «sin criterios compartidos entre docentes, el alumnado recibirá mensajes contradictorios: en una asignatura se permitirá una cosa, mientras que en otra se prohibirá y en una tercera no se hablará del tema», valora Puig, que cree que la IA debe utilizarse para otras cuestiones que no tienen que ser únicamente redactar rápidamente: «El gran reto pedagógico es situar al profesorado como referente de criterio en el entorno digital: no como policía de la IA, sino como guía para verificar, interpretar y preservar la autoría del alumnado».
La clave, insisten, es ver a la inteligencia artificial generativa como una competencia básica que debe aprenderse en las escuelas, siempre entendida como una «capacidad de convivir, aprender, trabajar y pensar críticamente en un entorno en el que la IA formará parte de muchas prácticas sociales y profesionales», cierra Marta López. En definitiva, que sean los seres humanos los que dominen la tecnología y no que ChatGPT o Gemini los dominen a ellos. Ese es el gran reto al que se enfrentan docentes y alumnos.