El lado oscuro de las gafas inteligentes: recopilar datos biométricos, rostros y hasta conexiones sociales

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CONTACTO vía Europa Press | EUROPAPRESS

La combinación de cámaras, micrófonos e inteligencia artificial permite extraer información de las personas que rodean al usuario, desde sus relaciones sociales hasta contraseñas, documentos o conversaciones, mientras crecen las medidas para evitar que se utilicen para grabar a escondidas

04 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Un hombre se acerca a un cajero automático, saca su tarjeta y teclea cuatro números. A pocos metros, otra persona espera su turno con unas gafas que, a simple vista, podrían ser exactamente iguales a cualquier otro par. Pero no lo son. Esas lentes llevan una cámara incorporada y están conectadas a un sistema capaz de procesar lo que ocurre delante de ellas. El ejemplo puede parecer extremo, pero sirve para explicar hacia dónde avanza una tecnología que aspira a convertirse en uno de los dispositivos de uso personal más habituales. Las gafas inteligentes ya no se limitan a hacer fotografías o vídeos. Incorporan cámaras, micrófonos, altavoces, conexión a internet e inteligencia artificial, y cada vez tienen más capacidad para interpretar aquello que captan. El debate, por tanto, empieza a desplazarse de una pregunta sencilla —qué pueden grabar— a otra bastante más compleja: qué información pueden extraer de todo lo que ven y escuchan.

La reciente publicación de una nueva patente de Meta vuelve a poner esta cuestión sobre la mesa. El documento plantea capacidades que podrían permitir generar datos biométricos, identificar rostros, analizar reacciones y establecer conexiones sociales. Es decir, la información obtenida a través de las gafas podría ir mucho más allá de una simple imagen: quién aparece en ella, dónde está, cómo reacciona o con quién se relaciona.

«Ya no estamos hablando simplemente de una cámara que graba lo que ocurre a su alrededor, sino de un sistema que podría generar datos biométricos, identificar rostros, analizar reacciones y mapear conexiones sociales», advierte Oded Vanunu, Head of Product Vulnerability Research de Check Point Software Technologies. Y ahí aparece una de las principales particularidades de estos dispositivos: el usuario no es necesariamente la única persona cuyos datos pueden quedar expuestos.

Una cámara tradicional ya permite registrar a otras personas sin que necesariamente sean conscientes de ello. Las gafas inteligentes añaden una diferencia importante: convierten esa cámara en un dispositivo portátil, discreto y difícil de distinguir de unas gafas convencionales. Aunque incorporan una luz blanca que parpadea cuando la cámara está activa, esta puede pasar desapercibida o ser manipulada.

El problema ya está teniendo consecuencias en las propias redes sociales. Instagram ha decidido poner freno a la proliferación de vídeos grabados en secreto con gafas inteligentes, en los que se utilizan las Ray-Ban Meta para gastar bromas desagradables a desconocidos. En los últimos meses han proliferado grabaciones de personas anónimas —en ocasiones empleados de tiendas o restaurantes— y de supuestos seductores que se graban mientras se acercan a mujeres en gimnasios o en la calle sin que ellas sepan que están siendo filmadas. «No queremos que la gente grabe vídeos de otras personas a escondidas, las acose y luego los publique en nuestra plataforma», ha explicó entonces Adam Mosseri, director ejecutivo de Instagram.

No es, además, la primera medida adoptada para intentar evitar que las gafas se utilicen para grabar sin consentimiento. Meta lanzó a principios de julio una actualización obligatoria de privacidad que desactiva la cámara cuando alguien manipula o rompe el LED de captura, precisamente para impedir que el dispositivo pueda utilizarse para grabar en secreto. En Inglaterra y Gales, el problema ha llegado incluso a los tribunales: las gafas inteligentes de Meta están prohibidas en todos los juzgados y tribunales y se confiscan temporalmente a quienes las llevan.

Pero el riesgo no se limita a que alguien pueda ser grabado sin saberlo. Un grupo de investigadores de Harvard ya demostró en 2024 el potencial de combinar unas gafas inteligentes con reconocimiento facial para revelar en tiempo real la identidad de personas en la vía pública. Meta también ha explorado esta posibilidad. La compañía llegó a plantear «Name Tag», una función de reconocimiento facial que permitiría identificar a personas y ofrecer información sobre ellas mediante Meta AI. La función tuvo que ser retirada después de que se detectara que se había introducido silenciosamente. La cuestión, por tanto, ya no es únicamente si alguien está grabando. Es qué puede deducir un sistema de aquello que está grabando.

Del PIN a los documentos confidenciales

Los riesgos más inmediatos, sin embargo, pueden ser mucho más sencillos. Un usuario puede llevar las gafas puestas mientras introduce el PIN en un cajero, escribe una contraseña, consulta un extracto bancario, revisa una factura o trabaja con documentación corporativa. Es una versión tecnológica del shoulder surfing, la práctica de observar por encima del hombro para obtener credenciales o información sensible. En este caso, la cámara puede captar esos datos de forma discreta.

El problema se extiende también al audio. Las conversaciones y otras interacciones pueden quedar grabadas, transcritas o almacenadas en la nube, según las políticas de cada proveedor. Y ahí aparece una segunda pregunta: qué ocurre con la información después de ser captada. «Si este tipo de información se sincroniza con la nube, las consideraciones de seguridad van más allá del propio dispositivo y se extienden a la cuenta y a los servicios asociados», advierte Vanunu.