Crece la polémica sobre la publicidad encubierta en las redes. En Estados Unidos las campañas demócratas y republicanas pagan elevadas sumas a creadores de contenido por manifestar, sin explicar que han cobrado, su apoyo a ciertos candidatos
31 ago 2026 . Actualizado a las 21:32 h.Recientemente en España se ha hablado mucho de la caída de los llamados influencers. Figuras que explotan económicamente sus vidas de cuento empezaron a lamentarse de que habían perdido audiencia o habían sido criticados por su público. En el supuesto declinar pesan varios factores. Uno de ellos es la capacidad de estos personajes de opinar de todo, incluso de geopolítica o seguridad nacional, sin tener conocimientos profundos sobre el tema. Otro es la difusión encubierta de contenidos publicitarios. Las marcas les pagan un buen dinero por hacer promociones que no están identificadas como anuncios. Y eso causa malestar y polémica. Aquí y en países como Estados Unidos.
Las grandes batallas electorales se libran en las redes sociales, con los algoritmos y con los influencers que tienen una legión de seguidores en ellas. A plataformas como TikTok se les atribuye un papel fundamental en la segunda victoria presidencial de Donald Trump, en noviembre del 2024. Cuando regresó a la Casa Blanca, el magnate neoyorquino trabajó con empeño para evitar el cierre de la red social china en Estados Unidos, y para que su popular sistema de recomendación de contenidos acabara controlado por empresarios afines.
La tecnología es política y la política es tecnología. Según informa The New York Times, cada vez más influencers estadounidenses hablan de asuntos públicos y luchas partidarias en las plataformas de social media. El diario cita el caso de Josh Greene, una estrella de las redes con 800.000 seguidores. Simpatiza con el ala izquierdista del Partido Demócrata. Tiene trato con figuras como Bernie Sanders, senador por Vermont, y Zoran Mamdani, alcalde de Nueva York. Y se pronuncia públicamente sobre los mejores candidatos que disputan elecciones primarias. El problema es que muchas veces su elección está determinada porque le han pagado mucho dinero. Y no siempre lo hace explícito.
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Greene ha recibido dinero de al menos siete políticos (o de los grupos que los apoyan y financian o de intermediarios). Llegó a cobrar más de 20.000 dólares de un aspirante a competir por ser gobernador de California. La legislación en Estados Unidos no regula este tipo de comunicaciones de la misma manera que sí lo hacen con la publicidad tradicional. Y el fenómeno de la influencia de pago se extiende. La emplean los dos grandes partidos, según recoge The New York Times, para conseguir apoyos que parecen genuinos y desinteresados. ¿Y en España? ¿Cobran los influencers por manifestar sus preferencias políticas? Si es así, ¿quién les paga?