Las empresas de las que nunca has oído hablar también pueden tener tus datos: así funcionan los «data brokers»
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Un estudio impulsado por el Comité Europeo de Protección de Datos analiza el mercado de las compañías que recopilan, cruzan y comercializan información personal de millones de ciudadanos
30 jul 2026 . Actualizado a las 08:12 h.Un anuncio de unas zapatillas que acababas de buscar. Una oferta para cambiar de seguro. Una llamada comercial de una empresa de la que nunca habías oído hablar. O una publicidad que parece conocer tus gustos mejor que algunos de tus amigos. La explicación suele atribuirse a un algoritmo. Pero detrás de esa palabra existe un negocio mucho menos conocido por el gran público: el de los data brokers, empresas dedicadas a recopilar, combinar y comercializar información personal.
Su actividad es tan discreta que la mayoría de ciudadanos ni siquiera sabe que existe. Precisamente por eso, el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB), el organismo que reúne a las autoridades de privacidad de la Unión Europea, ha impulsado un estudio para entender cómo funciona este mercado.
El trabajo, realizado sobre empresas establecidas en Bélgica, no pretende determinar si estas compañías incumplen la normativa, sino responder a una pregunta mucho más básica: quiénes son, cómo operan y qué riesgos pueden plantear para la privacidad.
El informe define a un data broker como una empresa que reúne información procedente de múltiples fuentes, la analiza para construir perfiles sobre las personas y obtiene un beneficio económico gracias a esos datos. Lo más llamativo es que todo ese proceso suele desarrollarse con un conocimiento muy limitado por parte de los ciudadanos, que rara vez saben quién dispone de esa información o cómo ha llegado hasta allí.
La idea es sencilla. Cada empresa conoce una pequeña parte de nosotros. Una tienda sabe qué compramos. Una aplicación registra dónde nos movemos si le hemos dado permiso para acceder a la ubicación. Las redes sociales conocen nuestros intereses. Los registros públicos contienen otra información. Por separado son piezas inconexas, pero forman un retrato sorprendentemente preciso.
Edad aproximada, nivel de ingresos, intereses, hábitos de consumo, composición del hogar o probabilidad de contratar un seguro. El verdadero negocio no está tanto en un dato concreto como en la posibilidad de relacionarlo con muchos otros para construir perfiles cada vez más completos. Como una especie de rompecabezas. Así, buena parte de la información que las empresas manejan sobre nosotros no procede de una única fuente, sino del cruce de multitud de datos obtenidos en momentos y lugares diferentes.
Y ahí es donde aparecen los intermediarios de datos. El informe establece seis criterios para identificarlos. Deben recopilar información de varias fuentes, combinarla para elaborar perfiles, obtener un beneficio económico gracias a ella y hacerlo, además, con un control muy limitado por parte del ciudadano, que en muchas ocasiones ni siquiera sabe que esos datos están circulando entre distintas empresas.
Los investigadores comprobaron que este ecosistema es mucho más amplio de lo que parecía. Solo en Bélgica identificaron más de cuarenta compañías con modelos de negocio relacionados con la intermediación de datos. No todas hacen lo mismo ni presentan el mismo riesgo para la privacidad.
En un primer grupo aparecen las empresas que elaboran perfiles individuales a partir de información procedente de distintas fuentes y los comercializan. También figuran plataformas donde varias compañías comparten y cruzan las bases de datos de sus clientes para obtener un conocimiento más profundo de ellos. Otra categoría está formada por firmas que utilizan inteligencia artificial para analizar grandes cantidades de información y detectar patrones de comportamiento. Y existe un cuarto modelo en el que son los propios usuarios quienes entregan voluntariamente sus datos a cambio de descuentos, recompensas o ventajas comerciales.
El informe identifica además otras actividades con un riesgo menor, aunque no exentas de vigilancia. Entre ellas están las páginas web que venden contactos comerciales a empresas, los mercados digitales donde distintas compañías intercambian conjuntos de datos o los servicios que analizan los desplazamientos de la población para estudiar el tráfico o la ubicación de futuros negocios. Aunque esa información pueda presentarse de forma agregada y anónima, el estudio advierte de que, si se combina con otras fuentes, en algunos casos podría llegar a identificar a personas concretas.
Una de las conclusiones más llamativas tiene que ver con la propia investigación. Los expertos intentaron localizar estas empresas utilizando los registros oficiales de actividad económica, pero el método fracasó. Muchas aparecen inscritas bajo categorías demasiado generales, lo que dificulta saber realmente a qué se dedican. Finalmente optaron por una estrategia distinta: analizar el lenguaje que utilizan en sus páginas web y buscar expresiones relacionadas con la compraventa de información, la elaboración de perfiles o la captación de clientes.