Faustino Jiménez, presidente de Datadope: «La IA solo es tan buena como la calidad del dato que la alimenta»

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Faustino Jiménez señala que «el verdadero problema hoy no es la falta de datos, sino su organización».
Faustino Jiménez señala que «el verdadero problema hoy no es la falta de datos, sino su organización».

La inteligencia artificial está revolucionando también la analítica de datos gracias a los agentes autónomos de IA. «Estamos pasando de sistemas que informan a sistemas que ejecutan», señala este experto, que también advierte sobre la soberanía digital europea: «Si queremos independencia real, necesitamos empresas capaces de competir fuera».

03 mar 2026 . Actualizado a las 18:49 h.

Faustino Jiménez (A Rúa, 1962) aparcó en los años 90 la práctica de la medicina para incorporarse al sector tecnológico. Jiménez ha desempeñado un papel destacado en el desarrollo del ecosistema digital en España, especialmente en el ámbito del hosting y los servicios en la nube. Fundador de empresas como Acens (posteriormente adquirida por Telefónica) y Arsys, en los últimos años ha centrado su actividad en el capital riesgo y el acompañamiento estratégico a startups. Acaba de ser nombrado presidente de Datadope, una compañía especializada en analítica inteligente de datos y agentes autónomos de IA, que trabaja en Europa, Australia y Latinoamérica con clientes como Carrefour, Ferrovial, MasOrange, Vodafone, Repsol o Sanitas. Datadope está presente en el Mobile World Congress dentro del pabellón de España, que reúne a algunas de las compañías con más proyección tecnológica.

¿Son los datos, como se dice, el nuevo petróleo del siglo XXI?

Se suele decir que los datos son el nuevo petróleo, pero la comparación es incompleta. El petróleo tiene valor por sí mismo; los datos no. Solo generan valor cuando están bien estructurados y se convierten en decisiones. El verdadero problema hoy no es la falta de datos, sino su organización. Muchas compañías acumulan información, pero no la tienen preparada para ser explotada por sistemas inteligentes. La inteligencia artificial solo es tan buena como la calidad del dato que la alimenta. La próxima ventaja competitiva no será tener más datos, sino tenerlos bien estructurados y convertirlos en decisiones en tiempo real.

¿Cuánto se tarda en hacer una radiografía de la infraestructura?

Depende de la complejidad, pero una evaluación profunda puede llevar entre seis y ocho semanas. Ahora bien, el modelo tradicional de «hacer una foto» ya no es suficiente. Las infraestructuras digitales son sistemas vivos que evolucionan constantemente. La complejidad digital ha superado la capacidad de gestión puramente manual. No basta con auditorías puntuales; necesitamos observabilidad continua.

¿Están las empresas españolas concienciadas en analítica de datos?

Están avanzando, pero aún queda camino. En España y en buena parte de Europa vemos interés creciente en IA y analítica, pero muchas organizaciones todavía no han resuelto un problema previo: la correcta estructuración del dato. Sin una arquitectura sólida, hablar de inteligencia artificial es prematuro. Primero hay que ordenar, normalizar y entender la información. Además, todavía existe cierta brecha frente a mercados más maduros, donde la tecnología forma parte del núcleo estratégico del negocio. Estamos entrando en la era de las operaciones autónomas, pero primero hay que ordenar el dato.

¿Qué son las sondas sintéticas?

Son usuarios virtuales que prueban los sistemas antes que los usuarios reales. Simulan comportamientos digitales —navegar, interactuar, realizar operaciones— para detectar fallos antes de que impacten en la experiencia del cliente. La mejor incidencia es la que el usuario nunca llega a notar. No se trata de reaccionar cuando el problema ya es visible, sino de anticiparse.

¿Cómo utiliza Datadope la IA generativa y los agentes autónomos?

En Datadope venimos del mundo de la monitorización y la observabilidad Llevamos años estructurando datos técnicos de forma consistente. Eso hace que nuestro paso hacia la inteligencia artificial haya sido natural. La IA no es una capa que se añade al final; necesita una arquitectura sólida debajo. Hoy utilizamos inteligencia artificial para analizar millones de señales en tiempo real y detectar anomalías antes de que escalen. El siguiente paso —ya en marcha— es incorporar agentes autónomos capaces no solo de alertar, sino de actuar cuando el contexto lo permite. Estamos pasando de sistemas que informan a sistemas que ejecutan. Operamos en sectores donde la continuidad operativa es crítica y esa exigencia nos obliga a diseñar tecnología preparada para competir globalmente desde el primer día.

¿Para qué sirve el módulo que mide la calidad de las conexiones?

Permite a los operadores entender cómo está viviendo el usuario su conexión en casa o en la empresa. No solo mide velocidad; predice cuándo la experiencia puede deteriorarse y permite actuar antes de que el cliente se queje. Ya trabajamos con TPG Telecom Australia (Vodafone Australia), donde esta aproximación está ayudando a mejorar la calidad percibida y la fidelización. La experiencia digital ya no se gestiona cuando falla; se protege antes de que falle.

¿Podrían los datos prevenir catástrofes como el apagón del año pasado o el accidente de Adamuz?

Es importante ser prudentes: ninguna tecnología garantiza que un incidente complejo no vaya a ocurrir. Pero muchas infraestructuras críticas siguen funcionando con modelos de revisión periódica. En sistemas tan complejos, eso ya no es suficiente. Lo lógico es avanzar hacia una supervisión online y continua que permita detectar degradaciones estructurales antes de que escalen. No hablamos de riesgo cero, sino de resiliencia.

¿Qué opina sobre prohibir redes sociales a menores de 16 años?

Entiendo el espíritu de protección. Pero el debate no puede reducirse a prohibir o permitir. La digitalización es estructural y los jóvenes vivirán en un entorno tecnológico permanente. La regulación es necesaria, pero la educación es imprescindible. La tecnología no desaparece por prohibirla; debemos formar ciudadanos digitales preparados para convivir con ella de manera crítica y responsable.

¿Cómo ve la dependencia europea de las Big Tech estadounidenses?

Es una realidad estructural. Europa tiene razón al preocuparse por su soberanía digital. Pero el debate no debe centrarse solo en dependencia, sino en competitividad. El informe Draghi ya advertía del riesgo de sobrerregular antes de haber construido suficiente músculo tecnológico propio. La soberanía digital no es aislamiento, es capacidad de elección. Si queremos independencia real, necesitamos empresas europeas capaces de competir fuera, escalar globalmente y demostrar que pueden jugar al máximo nivel internacional.