Marcelo Rebelo de Sousa: «El milagro portugués no es de un Gobierno, es resultado del sacrificio de todo un pueblo»

El presidente de Portugal defiende la estabilidad política lograda en el país como antídoto contra los populismos

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«El milagro portugués no es de un Gobierno, es resultado del sacrificio de todo un pueblo» El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, defiende la estabilidad política lograda en el país como antídoto contra los populismos

La Voz en Portugal

A sus sesenta y nueve años, Marcelo Rebelo de Sousa (Lisboa, 1948), atesora un envidiable currículo protagonizado, hasta llegar a la Presidencia de Portugal hace dos años, por la docencia e investigación -es catedrático de Derecho en la Universidad de Lisboa-, la política -en el seno del conservador PSD, que presidió entre 1996 y 1999- y el periodismo. Rebelo de Sousa ha dado un revolcón al cargo con una agenda de vértigo, en la que prima el contacto con la calle, consiguiendo una popularidad récord. Días antes de iniciar una visita oficial a España, recibe a La Voz en su despacho del palacio de Belém. Insiste en que «la recuperación lusa se produjo en dos tiempos. El primero, el del enorme sacrificio de los portugueses y el Gobierno de Passos Coelho durante el rescate; y el segundo durante el actual ejecutivo del socialista, Antonio Costa, coronado con los éxitos en Bruselas del ministro Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, y la diplomacia lusa».

-Le han tocado años complejos en el país. ¿Cómo valora estos dos años de presidencia?

-En este tiempo se ha conseguido en Portugal estabilidad política, social, reducción del déficit, iniciar el camino del crecimiento y del empleo, y una disminución de la deuda pública externa. También hubo acontecimientos muy positivos, además del éxito económico, como la elección de António Guterres como secretario general de la ONU, la de Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, la Eurocopa de fútbol del 2016 o el pasado festival de Eurovisión. Pero también otros muy negativos, como las dos grandes tragedias de los incendios, de junio y octubre del año pasado, en la que fallecieron más de un centenar de personas.

-¿De qué se siente más satisfecho?

-De que haya desaparecido la crispación entre la derecha y la izquierda tras ganar las elecciones del 2015 el PSD de Passos Coelho, en minoría, no conseguir formar Gobierno y hacerlo los socialistas de Antonio Costa, con el apoyo histórico parlamentario del Partido Comunista y del Bloco de Esquerda. Es una satisfacción que ese Gobierno, en el que nadie creía internacionalmente, haya convencido a Bruselas, a los mercados y continúe estable a un año y pocos meses de acabar la legislatura. El punto de inflexión en Portugal fue comienzos del 2017. Tenemos un sistema político fuerte a la izquierda y a la derecha, que ofrece alternativas a los portugueses, y evita el surgimiento de populismos.

-¿A qué cree que responde el denominado milagro de la recuperación económica portuguesa, un logro que aplauden instituciones de todo el mundo?

-A varios factores y en dos tiempos bien diferenciados: durante y después del rescate. No debemos olvidar que el renacer comenzó durante el período crítico del rescate, en el 2012, con el enorme sacrificio del pueblo luso, cuando gobernaba Passos Coelho, que tuvo que aplicar, sin margen de maniobra, y a pesar de ser muy impopulares, las medidas impuestas por la troika, y consiguió superar el rescate. Sin ese esfuerzo titánico no hubiera sido posible la segunda fase de Antonio Costa, con su alianza de izquierda, y coronada por el ministro Mario Centeno y la diplomacia portuguesa, que actuó una vez más con éxito. Hemos demostrado al mundo madurez democrática y que somos capaces de cumplir los compromisos internacionales, tras las cesiones del Bloco de Esquerda y del Partido Comunista, a favor de los intereses y compromisos internacionales lusos.

-¿Cómo define su estilo al frente de la presidencia?

-Cada presidente debe ser fiel a si mismo. Los portugueses me conocen bien, desde mi etapa como profesor y analista político en diferentes televisiones. Saben que soy cercano, abierto. Estoy regularmente en contacto con todos los partidos, entidades patronales, sea cual sea su cuadrante político. Hago lo posible todos los días por estar cerca de los portugueses, de norte a sur, en las islas y fuera del país, tanto en los momentos buenos como en los malos, de los que sufren, como sucedió con las víctimas de los incendios el año pasado, y con mis visitas regulares a los sin abrigo y a los colectivos más necesitados de Portugal.

-¿Cómo es su relación con el primer ministro? ¿Cambió tras los incendios del 2017?

-Mi relación con Antonio Costa ha sido siempre buena e igual. En primer lugar, porque defiendo que el presidente debe llevarse bien con el primer ministro, con los órganos de soberanía y partidos políticos. Estoy permanentemente en contacto con el jefe del Gobierno, no solo en las audiencias semanales, por buenos y malos momentos, como fue el caso de las tragedias de los incendios. Además, nos conocemos muy bien desde hace décadas, ya que él fue mi alumno en la Facultad de Derecho de Lisboa.

-¿El Gobierno portugués tomó nota de sus avisos tras los incendios, posiblemente el peor momento de su mandato?

-Todos hemos tomado nota de lo sucedido en junio y octubre pasado en Portugal. No queremos que nunca más se vuelvan a repetir tragedias de esta envergadura. No suelo dirigirme con discursos televisados a los portugueses, ni doy muchas entrevistas, porque continuamente estoy cerca de ellos. Aunque sí que consideré que era muy importante hacerlo después del 15 de octubre. Lo mismo que dije públicamente esa noche se lo dije al primer ministro. Fue necesario porque la opinión pública estaba perpleja, desorientada, esperaba una palabra del presidente, clarificando su visión y diciendo en voz alta lo que muchos portugueses pensaban.

-Los incendios en Portugal se siguieron muy de cerca en Galicia. ¿Otra tragedia similar puede suponer el fin de Antonio Costa? ¿Se han tomado las medidas oportunas de prevención?

-No quiero plantearme ni admito ese escenario, no existe para mí. Insisto: quiero pensar que todos hemos aprendió la lección y que no volverá ocurrir nunca más algo semejante en Portugal. Las políticas de prevención llevan su tiempo y todavía no se conocen las resoluciones de varias comisiones de investigación para modificar la estructura del combate contra el fuego, a medio plazo. Hay medidas a corto plazo que se han tomado, y otras están siendo debatidas. Por eso es muy importante que la opinión pública no deje caer este tema, porque la memoria es corta.

«La relación entre Galicia y Portugal es un ejemplo para toda Europa»

El incansable Marcelo Rebelo de Sousa ha transformado la manera de ejercer la Jefatura del Estado en Portugal, acercándola a la calle, a los problemas de los más necesitados y alejándola de los pasillos del palacio de Belém, sede de la presidencia, y de los pesados y ceremoniosos discursos oficiales de antaño. Con inteligencia y preparación académica, el Profesor, como se le denominaba antes de ser elegido para su actual cargo, ha llenado su agenda oficial al máximo posible para conocer de cerca lo que se cuece en cualquier punto de Portugal. Es común verlo nadar en su playa de siempre, en Cascais, o de compras en unos grandes almacenes españoles de Lisboa.

Católico practicante, es amigo desde su juventud del secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Y no esquiva la responsabilidad: sus habituales afectos dieron paso, en octubre pasado, a un tirón de orejas y ultimátum al Gobierno de su exalumno Costa, exigiéndole una petición de disculpas a los portugueses y un cambio drástico en la política forestal y de combate, tras la tragedia de los incendios. En su afán por dar voz, a quienes no la tienen, pasó la última Navidad con los afectados por el fuego.

Y desde su posición, no pierde vista Galicia, territorio que conoce bien.

-¿Cómo están las relaciones económicas y comerciales entre España y Portugal?

-Pues en un momento magnífico en el dominio de las exportaciones e importaciones, inversiones y del sistema financiero. También en las relaciones a nivel local, regional y transfronterizo, con Galicia, evidente y naturalmente, y con las otras regiones fronterizas con Portugal. Se han convertido en un ejemplo para toda Europa. Desde hace 30 años ha habido un crecimiento espectacular entre el flujo comercial y económico entre los dos países. Sobre todo, desde finales de los años noventa hasta hoy, que solo disminuyó un poco durante el rescate de Portugal y la crisis española.

-¿Cómo valora el fenómeno transfronterizo entre Galicia y Portugal?

-Muy positivamente. La colaboración política, económica, social y cultural entre zonas transfronterizas tan próximas como Galicia y la región norte, o entre Castilla y León, Extremadura y Andalucía, con la región centro y el Alentejo, han dado paso una relación intermedia fortísima, entre las zonas raianas de ambos países que se ha potenciado mucho las tres últimas décadas. Esta relación está más consolidada con Galicia, aunque está creciendo mucho también en el resto de la raia.

-¿Se puede estrechar aún más la colaboración entre Galicia y Portugal, tras el anuncio de la próxima apertura de una delegación de la Xunta en Lisboa?

-Sí, desde luego. Como le decía, además de las relaciones bilaterales ibéricas a nivel estatal, municipal y regional, hemos pasado también a potenciar lo transfronterizo, según las zonas de frontera, lo que hace pensar que la relación comercial y económica seguirá creciendo. Hasta tal punto que el primer ministro portugués, Antonio Costa, cuando mira hacia Europa, desde el interior de Portugal, dice que las relaciones transfronterizas están en el centro, entre el litoral portugués y la realidad del interior español. Lo que demuestra que en el discurso político luso ya ha entrado la idea de la gran conexión que existe entre las realidades transfronterizas, como la de Galicia y el norte de Portugal. El aumento va a ser natural, desde que haya crecimiento económico en los dos países.

-¿Qué conoce de Galicia?

-Conozco prácticamente toda Galicia, que llevo visitando desde niño. La familia de mi padre era minhota, del otro lado del Miño, y los minhotos y los gallegos, como sabe, son hermanos muy próximos, en algunos aspectos casi siameses. Por ejemplo mi familia siempre ha tenido la costumbre de pasar muchas fiestas religiosas en Braga, quien dice Braga, dice Galicia y Santiago de Compostela, donde he estado en varias ocasiones visitando al Apóstol.

-¿Qué le parece la promoción turística conjunta que están haciendo España y Portugal de los Caminos de Santiago, y también de otros destinos transfronterizos?

-Creo que es una idea muy acertada y la apoyo. El próximo 4 de mayo asistiré en Évora a una cerimonia de potenciación y difusión de uno de los Caminos de Santiago en Portugal, que parte de Évora. Ya que en Portugal hay varios caminos que atraviesan varias regiones lusas desde el Algarve, pasando por el Alentejo, la región centro, Oporto y el Miño. Por eso ayudaré a potenciar estas rutas medievales de norte a sur de Portugal siempre que me lo pidan.

-¿Y ha hecho alguna vez el Camino de Santiago, o se lo plantea?

-La verdad es que nunca lo he hecho, y me hubiera gustado mucho. Solo he sido peregrino en la parte final, ya en Compostela [risas]. Es una laguna que tengo en mi vida, aunque dudo que con esta edad lo consiga hacer en algún momento.

«Desde el primer momento hemos mantenido todo el apoyo a España en la crisis de Cataluña»

Preguntado sobre la situación política en España y el papel que está desempeñando el jefe del Estado español, Felipe VI, el presidente portugués es claro: «El monarca español está actuando con mucha sensatez, cautela y sentido de Estado en un tema tan delicado como la crisis independentista de Cataluña... Y tan complicado para España». Días antes de viajar a Madrid y a Salamanca, en visita oficial entre el 16 y el 18 de abril, afirma: «Valoro mucho el papel de Felipe VI. No es casualidad que los últimos dos años nos hayamos visto diez veces, en Portugal, en España, en la ONU y en la Cumbre Iberoamericana». Y continúa para explicar esa relación: «Felipe VI fue mi invitado de honor durante mi toma de posesión, visitó Portugal, meses después y asistió al funeral de estado del ex presidente Mario Soares, en enero del 2017. Y tampoco es casualidad, que Antonio Costa y yo viajáramos a Barcelona tras el atentado de agosto pasado. A lo que hay que añadir las excelentes relaciones entre los Gobiernos de Rajoy y Costa, a pesar de ser de familias políticas diferentes».

Sobre el apoyo del Ejecutivo portugués al Gobierno español, en la crisis de Cataluña, Rebelo de Sousa recuerda: «Hemos mantenido desde el primer momento la misma posición clara de apoyo a España. Tenemos una relación tan fuerte y fraterna, que va más allá de la vecindad, y de amistad, con el país vecino y con el rey de España, por eso tratamos a ese amigo y hermano de una manera fraterna y no nos entrometemos en sus cuestiones internas, que son del Reino de España, tiene su Constitución, sus leyes e instituciones y funcionan, como no nos pasaría por la cabeza que España se metiese en nuestras cuestiones internas».

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