La casa

Marisa Castillo

RELATOS DE VERÁN

No me hubiera fijado en esa casa si no fuera por lo que vi a través de su ventana mientras cruzaba la calle. Los de alrededor sabemos de su abandono hace años y acostumbrados a ella casi ni la vemos. Ese día fue diferente. A través del cristal vi con claridad como una figura de mujer me sonreía mientras con su mano derecha me invitaba, suavemente, a entrar. Me pareció tan irreal y extraña su figura con traje de otra época que sentí la necesidad de intentar abrir la puerta y entrar para comprobar mi visión. No pasaba nadie en ese momento por la calle, y así lo hice. Ante mi sorpresa, la puerta cedió y se abrió. Sin pensarlo entré y, cerrando la puerta tras de mí con suavidad, caminé lentamente hacia las escaleras que había frente a mi. Teniendo en cuenta el sol de fuera, allí dentro hacía frío. El interior de la casa me resultaba extrañamente familiar.

-¿Hola?- Lancé la pregunta, casi como un reto, para demostrarme a mí mismo que la casa estaba vacía. No hubo respuesta y comencé a subir, despacio, las escaleras de madera, cuyo quejido acompañaba mis pasos....

Al llegar arriba la vi. Colgando de la pared había una foto imposible de mi mismo en traje de época junto con la mujer de la ventana vestida de novia. De negro como antes solía hacerse en ocasiones. El frío se hizo más presente según avanzaba hacia lo que parecía haber sido una alcoba.

- ¡¡¡¡Despiertaaaa, cariñooo!!!!-. Claudia sacudía a su marido mientras este volvía en sí - ¡Otra vez buscándote desde el futuro!