La calle de mi infancia

Vicente Fernández

RELATOS DE VERÁN

Lo que fue una inolvidable realidad, se convierte medio siglo más tarde en agradables sueños que al despertar catapultan tu mente a un inmenso sentimiento emocional

En apenas doscientos metros se desarrollaba la actividad comercial de la hermosa villa marinera de Candieira. Era la calle Ezequiel López.

Yo tenía diez años cuando mi tía Matilde me acogió en su casa.

La primera tienda que visité fue la del Faragullo, donde mi tía me mandó comprar una tableta de chocolate y un kilo de harina. Me atendió Josefita, nunca olvidé aquella sonrisa y amabilidad.

En la barbería de Javier cortaba el pelo, allí acudía mi tío Manolo y mi primo Totó. Recuerdo aquel sillón grande, blanco y reluciente. El corte se alargaba porque Javier tenía la costumbre de echar un pitillo en medio de la faena. Recuerdo aquellos zapatos de suela comprados en calzados Rubido.

No tardé en descubrir la tienda de Higinio, donde compré mis primeros cromos de artistas y futbolistas. Higinio fumaba con boquilla y tenía destreza para hablar sin sacar la boquilla de la boca. De la relojería de Luis salió mi primer reloj, era un Cauny Prima, procuraba levantar la manga del jersey para presumir de aquella joya. A la farmacia de Ricardo, mi tío Manolo me mandaba por Persantín, nunca olvidé ese nombre.

La edad avanzaba y también los hábitos. Nervioso, entré en la dulcería de Charo y no a comprar pasteles. Charo vendía pitillos sueltos y de allí salieron mis primeros cigarros, eran Chester Field sin boquilla. La economía no daba para comprar una cajetilla en el estanco de Fifo. Qué bien me quedaban aquellos pantalones acampanados que adquirí en Rigel, tienda de ropa moderna.

Pero el emblema de la calle era el Gran Café Bar Pinzón que regentaba Antonia con la atención y simpatía por bandera. Allí veía los dibujos animados del Oso Yogui, los partidos de fútbol, y jugaba a las damas y ajedrez . Es el único establecimiento que perdura en la calle con su estado primitivo

Escribiendo este relato, mi corazón palpita con la misma fuerza que mi persona desea revivir aquellos pasajes.