El termómetro alcanzaba los treinta grados y el presente parecía desvanecerse de un momento a otro con el sofocante calor veraniego. Cerré los ojos unos instantes como única defensa a tanta luz cegadora y una paz interior me motivó a realizar un viaje de cincuenta y ocho años a través de la memoria.
Volver a escuchar el traqueteo del motor de un Seat 600 y la inconfundible voz de Andrés Do Barro avivando ilusiones con la canción O Tren en radios de «transistores» en aquel ya lejano verano de 1968. Fue cuando empecé a sentir que el universo entero cabía de sobra en cada una de las sonrisas de aquella veraneante que jamás volví a ver, pero a la que nunca he podido olvidar.
Tan pronto desperté a la realidad ansié buscar en la cartera una foto; una pequeña fotografía en blanco y negro con bordes dentados que me refresca la imagen de una joven de dieciocho años sonriendo con el mar de fondo. Al mirarla, la memoria me sitúa paseando sin rumbo fijo por la calle principal del pueblo en una tarde de junio, cuando una buena amiga me saluda y me presenta a una chica que le acompañaba. Vestía pantalón vaquero azul, blusa roja ajustada a su figura y en su cuello una cadena sostenía un medallón; en ese instante mi mundo cambió para siempre. Empezamos a caminar los dos, después de irse mi amiga, por calles entre murmullos de gente paseando por las aceras y ruidos de tráfico rodado. Ella había venido de Madrid y hablaba de la gran ciudad con tanta soltura que me parecía de otro planeta. Me contó que estudiaba periodismo, le gustaba el cine; que en verano, Galicia, le parecía el rincón más hermoso del mundo. Yo le hablé de mi trabajo de abogado y que me gustaba ver películas.
Nos sentamos en una terraza bajo la sombrilla a disfrutar de cafés negros con hielo. No hacían falta largas conversaciones; bastaba la timidez compartida en cada silencio y la forma en que el viento le acariciaba, de vez en cuando, el ondulado pelo en su cara. En aquel momento supe que mi mundo ya no volvería a ser el mismo; empezaba, de nuevo, en aquel verano de 1968.