Un cruasán

Sabela Aldrey

RELATOS DE VERÁN

Me encanta desayunar fuera de casa y pedir un café con un cruasán fresco. En concreto, me gusta partir el cruasán con cuchillo y tenedor. Si el cruasán es de mantequilla mejor. Hubo una época de mi vida en la que me podía permitir el lujo de hacer esto algunas veces durante el mes.

Un día, en una cafetería, se sentaron en la mesa de al lado tres mujeres. Una era joven, de unos treinta años, y las otras dos tendrían unos diez años más que ella.

Tengo que decir que no suelo escuchar las conversaciones ajenas, pero aquel día no pude evitar hacerlo, pues la más joven hablaba muy alto. La conversación no parecía demasiado interesante, pues las tres hablaban sobre los disfraces que les harían a sus hijos de cinco años para los días de Carnaval. Transcurridos unos diez minutos, cuando yo ya había terminado mi cruasán, la más joven informó a sus amigas sobre la última novedad de su exmarido:

-Se queda con el niño este fin de semana y el muy sinvergüenza me dice que el viernes el niño ya vaya cenado y bañado. Que así al llegar a su casa ya se queda dormido. Lo que quiere es que no lo moleste.

La mujer estaba realmente enfadada y sus amigas intentaban calmarla con frases del tipo «cosas de hombres», «piensa que solo es el fin de semana», «no te pongas nerviosa que es peor»...

Yo necesitaba decirle a aquella mujer que no les hiciese caso a sus amigas y que siguiese enfadada.

Al poco tiempo entró en la cafetería un hombre alto, vestido con traje y abrigo largo. Se acercó a las tres mujeres y le dijo algo muy bajito a la más joven. Enseguida supe que aquel hombre del traje era el exmarido.

Después todas nos quedamos en silencio. Ellas y yo. El hombre se acercó a la barra y pidió al camarero un desayuno completo.

-¿Con qué quiere acompañar al café?- le preguntó este.

-Con un cruasán de mantequilla. Eso necesito.

-No hay. Ya no quedan. El último se lo comió esa señorita.

El camarero me señaló con una sonrisa. En ese momento yo también sonreí. Me alegraba más que nunca de haberme comido un cruasán con cuchillo y tenedor.