Las últimas palabras

Jaime Villamor

RELATOS DE VERÁN

Cuando me jubilé apareció una libreta que llevaba años sin abrir. No era un diario. Ni un cuaderno de notas. En cada página había una fecha y una sola frase. Durante unos minutos no recordé por qué la había guardado. Después bastó leer dos o tres páginas para acordarme.

Empecé a escribirla sin darme cuenta. El último día de clase de mi primer curso, un alumno salió corriendo por la puerta y gritó: «Hasta septiembre, profe». No sé por qué la anoté. Al año siguiente hice lo mismo. Y al otro. Cuando quise darme cuenta llevaba media vida guardando las últimas palabras de cada promoción. Nunca se lo conté a nadie. Había frases de todo tipo.

«No suspenda a Pablo». «Mañana traigo el libro». «Mi madre me está esperando».

Leídas una detrás de otra parecían no significar nada. Eran despedidas corrientes, dichas deprisa, con la cabeza puesta ya en las vacaciones. Sin embargo, al releerlas muchos años después, volvían las voces, el ruido de las sillas, los pasillos llenos y aquella impaciencia de los últimos cinco minutos de clase.

Hace algún tiempo me enteré de que uno de aquellos alumnos había muerto la misma tarde en que terminó el colegio. Hacía muchos años que no pensaba en él. Busqué la fecha. Busqué su nombre. Debajo solo había escrito:

«Profe, mañana nos vemos».

Cerré la libreta. La dejé en la estantería. Desde entonces no he vuelto a abrirla.