Ora mira esa playa


Rianxo. En el cielo, mundos que brillan. En una taberna del puerto, tertulia de pescadores. Animado por el vino, el de la barba entrecana contó:

-Mientras todo el mundo se divertía en la verbena que se celebraba en honor de la Virgen del Carmen, Juana y Manuel -pongamos que se llamaban- remaban a bordo de una gamela con rumbo a la playa de la Torre, donde, caprichos de mujer, quería Juana dejar la inocencia. Pero a media travesía, el viento del Norte, aunque calmoso al zarpar, los llevó a encallar en la Pedra dos Lados, un islote legendario donde amantes en la noche fueron comidos por cuervos al amanecer.

La marea subía y los salseros no daban tregua. Tiritando de frío y de miedo, invocaron la intercesión de la santa. Entretanto improvisaban una plegaria, de un remo hicieron el palo mayor, y de la mantilla de Juana, una vela. Como por obra del rezo, el viento roló del sur y, de empopada, arribaron a la playa.

Empapados de agua salada, se amaron al desembarcar. Esperando que sus ropas se secaran, se amaron al son de las orquestas tocando al otro lado del mar. Volviendo a Rianxo con el sol a babor, las burbujas por popa centelleaban de pasión y, al rebasar el islote, se amaron al vaivén de las olas.

Una joven casadera, hermosa como lo fuera su madre, lleva a gala haber sido concebida en Taragoña, donde anda enamorada, y donde, siempre que la vista le alcanza, ora mira a su novio, ora mira esa playa.

Vicente Castro Rial. Jubilado. 76 años. Pontevedra.

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