Estrella fugaz


Estrella había soñado toda su vida con el momento en el que iba reencontrarse con su madre. Desde que tenía cuatro años había crecido en un orfanato, sin el amor de una familia y rodeada de miradas duras. Aunque la había abandonado, Estrella amaba a su madre más que a su vida. Recordaba la noche cuando sus manos se soltaron: «¡Estrellita, te amo! ¡Volveré a por ti!».

Había pasado más de una década, y ella aún no tenía noticias de su madre, pero nadie le quitaba la esperanza. Al fin y al cabo, ¿qué sería de la vida sin esperanza? Un día, Estrella recibió la carta que la hizo llorar de felicidad: su madre iba a cruzar el océano para reencontrase con su ella. Estrella esperaba con ansia y amor infinito el momento en el que iba a abrazar a su madre.

Marina emprendía sola el viaje desde Argentina y estaba dominada por muchos sentimientos. No se perdonaba por haber abandonado a su hija, aunque en su momento no tuvo otra opción. Durante todos los años de ausencia, pudo mandar a Estrella solo una carta, aunque le había escrito docenas. Ahora pensaba entregárselas en persona. Cogió de nuevo la pluma:

«Estrella de mi corazón, fuiste la luz para mí cuando parecía que estaba atrapada por la tormenta. Te dejé atrás y contigo se quedó mi alma y mi vida entera. ¡Cuánto extrañé tu dulce sonrisa y tus cariños! ¡No veo la hora de llegar y abrazarte! ¡Junto a ti viviré la historia más dulce del mundo»!

Marina cerró el sobre. Miró por la ventana de su camarote: ya era de noche y el océano estaba revuelto. Siempre había tenido miedo al mar, pero había que enfrentarlo para volver de nuevo con su hija. De repente, le pareció ver una estrella fugaz. Sintió un dolor en el pecho. ¡Cómo te amo mi Estrella! Ya no podía respirar.

Estrella llegó horas antes al puerto, ardiendo de deseo para ver a su madre. Se quedó esperando, mirando y contando la gente que bajaba. No tenía fotos recientes de su madre, pero no dudaba que la iba a reconocer. Ya casi era de noche, cuando Estrella perdió la esperanza. Sintió un dolor inmenso. Cerró los ojos y recordó la última vez que vio a su madre, en la noche de la triste despedida. Abrió los ojos, miró el cielo y vio la estrella fugaz que brillaba para despedirse de ella.

Elena Cristina Simion. Comunicación. 26 años. Rumanía.

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