En las profundidades


Con la punta de la yema de los dedos tocaba la superficie de su café.

¿Por qué criticar esa actitud? Cada uno tiene su forma de calcular la temperatura de la infusión a punto de ingerir. Yo, por ejemplo, suelo soplar el humito y apoyar -con delicadeza- mis labios, hasta hacer contacto con el líquido; si está muy caliente los retiro con celeridad.

Seguidamente el hombre introducía en su totalidad el dedo índice, girándolo acompasadamente. Convengamos que, ahora sí, ingresaba en el campo de lo socialmente incorrecto.

Pero esa actitud grosera quedó en el olvido en el preciso instante en que introdujo -por completo- el brazo derecho en aquel pocillo de café. En breves instantes observaba cómo aquel cuerpo se despegaba de la silla para internarse en las profundas oscuridades del líquido azucarado. Lo último que vi desaparecer fue un zapato abotinado de cuero marrón.

Ante la indiferencia de los demás concurrentes opté por ignorar el episodio y solicité una nueva medida de whisky escocés. Tan solo atiné a preguntarle al camarero:

-¿Sabe usted cuántos hombres caben en un pocillo de café?

Gustavo Eduardo Green Sinigaglia, 63 años. Buenos Aires. Realizador cinematográfico.

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