Grandes almacenes


Antonio no estaba muy contento con su trabajo. Ser el encargado de la tercera planta de los Grandes Almacenes (ropa y complementos de caballero) le sacaba de quicio, especialmente desde el cambio tan radical de personal que se había ido produciendo últimamente.

La dirección había habilitado en la planta sótano un local para los hombres y otro para las mujeres. Y todos los días, a unas horas determinadas, el sistema de megafonía pedía disculpas a los clientes por las molestias y daba paso al muecín que, entonando en árabe una extraña melodía, convocaba a los fieles a la oración. En ese momento los dependientes dejaban todo como estuviese y salían corriendo al sótano. Entonces Antonio tenía que atender todas las cajas. No quería ni pensar en lo que sucedería cuando llegase el ramadán.

Armándose de valor, fue a protestar al director. Aquello no podía seguir así. Con muy buenas palabras, le contestó que comprendía que no le resultase fácil adaptarse a los nuevos tiempos. Por ese motivo (y por su bien) se veía obligado a prescindir de sus servicios. Que no se preocupase por el trabajo, porque el día siguiente Mohamed ocuparía su puesto.

Ya había sospechado que nada sería igual desde que el jeque de Arabia Saudí Alí ben Yusuf compró los Grandes Almacenes.

José Luis Vallejo de la Cruz, 78 años. Ferrol. Jubilado.

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