Álvaro Morata, un 9 siempre bajo sospecha

José Manuel Andrés COLPISA

QATAR 2022

JUANJO MARTIN | EFE

Es uno de los arietes con mejores cifras goleadoras de la selección, pero, a medio camino entre el Atlético y el Madrid, siempre ha estado en el foco de la crítica

19 nov 2022 . Actualizado a las 16:50 h.

Álvaro Morata es el sexto máximo goleador de la historia de la selección española y entre los diez mejores arietes de España solo Alfredo Di Stéfano, David Villa y Fernando Morientes presumen de un promedio realizador superior. Son datos que hablan por sí mismos de la trascendencia para el combinado nacional que el atacante madrileño ha tenido en los últimos años. Sin embargo, pocos futbolistas se han enfrentado a un nivel de crítica tan alto y en ocasiones tan furibundo como él, y eso acaba por forjar una coraza.

La Eurocopa del verano de 2021 fue para este jugador una auténtica prueba de fuego. Desde aquel torneo de buen recuerdo para la selección ya no es el mismo. Sufrió el escarnio de su propia afición, lo más doloroso que puede experimentar un deportista, pero se sobrepuso a todo para acabar firmando tres goles y erigirse en la principal referencia ofensiva de una selección que se quedó a una tanda de penaltis de la gran final, un premio con el que casi nadie contaba.

Insultos en La Cartuja

Aquellos insultos en el estadio de La Cartuja a su esposa, la influencer italiana Alice Campello, y a sus tres hijos superaron con mucho lo admisible. Para seguir adelante y abstraerse de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor Morata se apoyó en su entorno más cercano y en el respaldo psicológico que en su momento le hizo dar un paso adelante. Su historia sirve para visibilizar algo que era un tabú hasta hace no tanto y poco a poco comienza a normalizarse: también los deportistas de elite necesitan en ocasiones ayuda con la gestión de las emociones.

A aquel jugador formado en las categorías inferiores del Atlético y terminado de perfilar en la fábrica del Real Madrid en Valdebebas le ha costado encontrar su lugar en el mundo. Siempre a caballo entre dos mundos, visto bajo sospecha por unos y otros, lo más parecido a la felicidad futbolística para Morata fue su experiencia en la Juventus. En la Vecchia signora encontró un ecosistema deportivo adecuado, que le llevó a dar el salto de calidad tras su debut con el primer equipo del Madrid, y de Turín regresó maduro, para hacer un gran papel como miembro de aquella unidad B de Zidane que permitió al Madrid conquistar el doblete Champions-Liga de la temporada 2016-17, el primero del club en casi medio siglo.

Luego llegaría un faraónico traspaso al Chelsea, una etapa de claroscuros en Londres y el fichaje por el Atlético que defendió en su adolescencia, con un retorno como cedido a la Juventus antes de regresar esta campaña al Metropolitano. Otra vez bajo la lupa de la afición colchonera, que poco a poco va pasando por alto las idas y venidas de un futbolista que maduró a base de golpes. Como Raúl, su ídolo de la infancia, cambió la camiseta rojiblanca colchonera por la blanca madridista, aunque su camino por el fútbol ha resultado más tortuoso.

Desde temprana edad se debatió entre los dos grandes de la capital, que pronto llamaron a su puerta para incorporarlo a sus prestigiosas categorías inferiores. Fue un niño dedicado en cuerpo y alma al fútbol desde muy pronto y educado en un entorno de tranquilidad propiciado por sus padres, Alfonso y Susana. En la Fundación Real Madrid se hizo futbolista y tuvo acceso a mitos blancos como Raúl, su gran referente, y Morientes, pero el espíritu rojiblanco heredado de su abuelo Ignacio nunca lo perdió.