Un cementerio varias veces milenario oculto en el bosque

Dispersas entre la maleza numerosas mámoas pasan inadvertidas al visitante, con la única excepción de Vilaboa


PONTEVEDRA / LA VOZ

Bien de Interés Cultural es una calificación que debería tener alguna repercusión práctica a la hora de rehabilitar, proteger y promover el patrimonio prehistórico de O Morrazo. Y sin embargo, con la excepción de los restos megalíticos de Vilaboa, las abundantes tumbas varias veces milenarias se pierden para el visitante entre la maleza y el desconocimiento, cuando no son objeto directo de la destrucción por la propia Administración encargada de velar por su preservación.

La necrópolis de Chan de Castiñeiras, a la que se accede desde un vial señalizado en el ámbito del área recreativa que pertenece a Vilaboa es la mejor conservada de todas. Los esfuerzos de los comuneros de San Martiño y el asesoramiento de Anta da Moura los convierte en ejemplos a seguir para el tratamiento de los demás restos prehistóricos. En una extensión de terreno fácil de visitar y bien señalizada, se distribuyen tres mámoas, que en el pasado fueron objeto de un grave deterioro y que actualmente están, en la medida en que fue posible, restauradas, así como una cista -una forma posterior de enterramiento- y la espectacular Mámoa do Rei, la joya de la corona de los restos prehistóricos de Vilaboa.

Paneles explicativos bien cuidados, claros y con información gráfica facilitan su localización y visita. En la cartelería se solicita la colaboración ciudadana: «Faga unha visita respectuosa a estes monumentos, non pinte, marque ou mova as pedras. Queremos conservalas o mellor posible».

Si Chan de Castiñeiras y la Mámoa do Rei son el ejemplo a seguir, Pedralonga, al otro lado del recinto recreativo de Castiñeiras, en Marín, es el reverso, lo que nunca debería hacerse y la muestra de la mayor desidia institucional imaginable. Pedralonga era una mámoa que se caracterizaba por tener grabados en sus losas y contaba con un túmulo de grandes dimensiones.

Hace ahora veinte años las palas de una obra impulsada por la Consellería de Política Territorial arrasaron su túmulo y movieron sus piedras. Un vial de nueva apertura, con un diseño serpenteante por otra parte, se la llevó por delante y desde entonces, todas las promesas reiteradas de rehabilitarla por parte de la Consellería de Cultura no se tradujeron en hechos. A las promesas le sucedió el olvido y a este el silencio. No hay ningún plan de recuperación de esta mámoa o al menos no ha trascendido ninguno en los últimos años.

Los montes de O Morrazo están llenos de estos restos megalíticos, donde los primeros gallegos depositaron los cuerpos y ajuares de individuos cuyos nombres se perdieron hace siglos. Como perdidas están muchas de estas estructuras pétreas, que en bastantes casos solo son un topónimo o un recuerdo. En otros, aún hay ocasión de salvarlas pero, sin señalización, sin difusión turística y sin excavar o consolidar, hay que echarle mucha imaginación o acudir con un experto para localizarlas. De otra manera es sencillamente imposible.

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