Camiños escolares, a seguir pagando

La continuidad de la exitosa red de rutas seguras seguirá supeditada a personal contratado por la manifiesta ausencia de voluntarios dispuestos a asumir la tarea

La estampa de los controladores en los pasos de cebra se ha convertido en habitual en la ciudad.
La estampa de los controladores en los pasos de cebra se ha convertido en habitual en la ciudad.

La red de Camiños Escolares es uno de los emblemas del calmado del tráfico rodado y de la conciliación pretendida entre vehículos y peatones que han contribuido a edificar el laureado ejemplo pontevedrés. El pensador Francesco Tonucci, el reconocido autor de La ciudad de los niños que bien conoce nuestra ciudad, me decía hace un par de años durante una entrevista que conseguir que en una urbe moderna los niños caminen solos de ida y vuelta al colegio y sus domicilios, constituye un sello de calidad. Certifica un adecuado nivel de apacigüamiento de la circulación rodada y hace de escudo protector de la infancia, el segmento más débil y al tiempo más valioso de toda sociedad.

En apenas cinco años, hemos vivido cómo ha ido creciendo la propuesta que surgió de aquel germen inicial que era el camiño escolar al CEIP Álvarez Limeses en la calle Joaquín Costa, el primero que funcionó, hasta llegar al entramado de una red de rutas seguras que amparan actualmente el trasiego de cientos de escolares a diferentes colegios de la ciudad. Todos nos hemos familiarizado con la presencia de esas personas, generalmente gente joven, quienes dotados de un señalero y ataviados con un chaleco de seguridad fluorescente, regulan el tráfico de vehículos para garantizar el paso de menores y adultos por los pasos de cebra en diferentes cruces.

La idea actual del Concello de incorporar voluntarios sin remuneración a la red de Camiños Escolares de la ciudad -excepción hecha de Monteporreiro- se plantea, a mi modo de ver, como un riesgo a la propia continuidad del programa. Aunque entienda que la finalidad sea hallar la implicación social mediante un grupo de adultos colaboradores. Pero la ausencia de respuestas al llamamiento que realizaron las asociaciones de padres y madres de alumnos de los diferentes centros educativos, evidencia que el idealismo está reñido con la cruda realidad.

La sociedad pontevedresa aún está lejos de interiorizar que esa debería ser la excelencia del programa. Salvo en la urbanización de Monteporreiro, donde se ha logrado reunir a un grupo de voluntarios de diferente perfil, que diariamente prestan ese servicio de custodia de manera gratuita, en general, aunque algunos reciban una ayuda social en forma de alimentos y productos de primera necesidad que aporta regularmente el movimiento asociativo vecinal.

El salario

De modo que para garantizar el mantenimiento de los Camiños Escolares -cuya continuidad no debería ofrecer duda alguna- habrá que seguir pagando a los custodios que cada mañana y mediodía se encargan de regular la ida y vuelta a pie de cientos de niños. Tampoco se trata de un dineral, pues cada uno de ellos percibe por dos medias horas de trabajo diarias, 140 euros mensuales. Pero el resultado de su labor tiene un valor indiscutible.

Y de un programa social, saltamos a un referente social. Celeste Gómez Gómez es una estudiante que lleva brillantemente sus estudios de 2º curso de Cocina en la Escola de Hostelería Carlos Oroza. Aún está en formación, pero sus compañeros y profesores coinciden en señalar que va camino de convertirse en una prometedora chef.

Su caso es el producto de programas como el que dirige el profesor Santiago Gónzalez Avión en el CEIP O Toural de Vilaboa, denonimado Éxito escolar y enfocado a propiciar que las niñas y niños gitanos terminen la enseñanza obligatoria.

Celeste así lo hizo y ahora completa su formación para concurrir al mercado laboral. El éxito profesional que le auguran será un ejemplo que tendría una influencia muy positiva entre las futuras mujeres gitanas de la provincia de Pontevedra.

Los datos son contundentes: actualmente, 6 de cada 10 niños gitanos escolarizados abandonan el colegio. No llegan al instituto. Particularmente más grave en el caso de las féminas. Apenas 30 de cada 100 cursan la ESO.

Las motivaciones

Cuando indagas sobre las motivaciones, la primera y más concluyente es que carecen de referentes próximos en su entorno familiar y social. Por cuestiones fácilmente imaginables, los ejemplos a seguir en su ámbito no les alientan a completar los estudios.

Este mismo año, la campaña La Leonor real convulsionó las redes sociales. Aprovechando que se llamaba igual que la princesa de Asturias, se perseguía reclamar la atención de la opinión pública sobre el abandono de las aulas por los niños y niñas gitanas. Leonor, una niña real que no Real, es gallega, sus padres se dedican a la venta ambulante y querría ser doctora en medicina de mayor, pero se teme que dejará los estudios como tantas otras congéneres.

Cambiar esa tendencia no es un trabajo rápido. Hace tres décadas, los gitanos estaban excluidos del sistema escolar. Tras su progresiva incorporación, el siguiente indicador de evolución señala que han pasado de estar dos años escolarizados hasta permanecer un total de diez cursos. Lo que en definitiva otorga mayor trascendencia a programas como el de seguimiento escolar que conocíamos esta misma semana con motivo de la acción conjunta que despliegan en la zona de Pontevedra, Secretariado de Apoyo al Pueblo Gitano y Concello.

Es el camino para que haya más Celestes y menos Leonores.

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