Miles de personas a la cola en Sanxenxo para disfrutar de la sardiñada
25 ago 2026 . Actualizado a las 19:12 h.«Gratis», esta fue la palabra mágica que este martes hizo abarrotar el entorno portuario de la localidad sanxenxina, dispuestos a aglomerarse a las 12 de la mañana bajo un cielo que no terminaba de decidirse. Y es que la meteorología aquí tiene sus propias reglas: la lluvia acechaba y amenazaba con estropear la tradicional sardiñada, obligando a muchos a salir de casa armados con paraguas. Sin embargo, el cielo se despejó a tiempo para que los operarios municipales prepararan la celebración conjunta del Día del Turista y San Ginés. El resultado fue una estampa peculiar: los paraguas, traídos para esquivar el chaparrón, terminaron abiertos para resguardar a la multitud de un sol que, cuando encontraba un hueco entre los nubarrones, pegaba con la fuerza del pleno agosto.
La cola comenzó a formarse bastante antes de la hora inicial de apertura. Fue a las 11.30 horas cuando se asomó una de las primeras interesadas, Ana María, que vino desde Asturias: «Como otra cosa no tenía que hacer, pues me da igual». Unos puestos más atrás, Javier Ruiz, un madrileño que lleva 15 años acudiendo religiosamente a la cita, decía que llevaba «solo 5 minutos», pero su acompañante, entre risas, delataba que llevaban mucho más: «Lo que hace el hambre». Con ellos también aguardaban varios niños listos para reclamar su ración correspondiente.
Máxima expectación
A las 11.55 horas la fila, que comenzaba cerca del primer pantalán con acceso al puerto, flanqueaba gran parte de la barandilla situada sobre de la playa de Os Barcos. Para las 12.13 horas, el reguero de gente superaba la tapería Zamorano y, a las 12.19 horas, dejaba atrás el pub Varadero; superando así los 200 metros de largo. En un ambiente dominado por un público de mediana y alta edad, la tensión por avanzar contrastaba con los comentarios de los viandantes que paseaban ajenos al festín. «Ni que me paguen por cogerlas», se escuchaba decir a un paseante escéptico ante semejante aglomeración. Mientras, en la cola dejaban otro tipo de comentarios: «Si no te llegan, haces otra vez la cola y te dan otra vez».
La tensión de la espera se disipó cuando los cabezudos, liderados por los gaiteiros de la asociación Abiñadoira, irrumpieron en el paseo poniendo banda sonora al momento. Fue a las 12.36 horas cuando se desató la maquinaria. «¡Vamos a sus puestos!», gritó una voz de la organización entre palmas. Se abrieron las vallas y un ejército de más de 20 personas comenzó el reparto.
El alcalde de Sanxenxo, Telmo Martín, participó en la cita junto a los miembros del gobierno local como parte de las iniciativas para fomentar la gastronomía tradicional de la zona y homenajear a los visitantes. En total, se repartieron de forma gratuita 500 kilos de sardinas entre vecinos y visitantes.
Un sistema ágil y preciso
Los comensales pasaban uno a uno por secciones recogiendo vino o agua, un buen trozo de pan y tres sardinas por cabeza, para luego buscar asilo en las mesas. Con las manos manchadas de grasa y la sonrisa puesta, llegaba el momento de la verdad. María A. Silvino, portuguesa nativa y residente en Sanxenxo desde hace 40 años, saboreaba su ración antes de ir a su jornada laboral: «Están buenas, sí». Muchos de los disfrutones coincidían en una cosa: hacer aquella cola les había valido la pena.
Mientras tanto, el entorno se llenaba de vida. A lo largo del paseo se colocaron los 17 puestos de la Feria de Artesanía con la que se pone en valor el producto hecho a mano. Y pasada la una de la tarde, la Banda de Música de Sanxenxo volvió a mostrar su talento ante los asistentes al concierto en la Praza de Pascual Veiga.