Triunfa cerrando a las cinco de la tarde con una tienda de moda en Sanxenxo: «Mi vida dio un paso adelante»

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

SANXENXO

Rebeca y Regina, de La Gatita Presumida, en Sanxenxo
Rebeca y Regina, de La Gatita Presumida, en Sanxenxo Ramón Leiro

Regina Meis dejó el paseo de Silgar por los horarios abusivos y optó por la conciliación para disfrutar de su familia

29 may 2024 . Actualizado a las 19:21 h.

Regina Meis tiene una de esas tiendas de moda de Sanxenxo que invitan a entrar. Está cuidada y en esta primavera que empieza a desperezarse en las Rías Baixas, ella y Rebeca, su empleada y amiga, ordenan y colocan las prendas coloridas que dejan atrás el invierno. Es poco más de la una de la tarde y en La Gatita Presumida no tienen pensado cerrar para ir a comer a casa. Hacen jornada continuada hasta las cinco de la tarde. A esa hora cierran la puerta del negocio para disfrutar de la vida. «Hacemos las mismas horas que todas las tiendas, pero seguidas», explica Regina. Ella es la artífice de un cambio que sorprende en la capital turística de las Rías Baixas, donde el comercio de moda prolonga los horarios hasta entrada la madrugada durante los meses de verano y en otras etapas de temporada alta. Por eso, haber dado ese paso tiene aún más mérito. Lleva dos décadas en el mundo de la moda. Empezó en Portonovo con una socia y más tarde abrió otra tienda en Sanxenxo. Cuando se separaron, cada una se quedó con un comercio y Regina siguió al frente del de Sanxenxo. Entonces, solo cerraba tres día al año. «No abríamos el 25 de diciembre, 1 de enero ni tampoco el 6 de enero, aunque ese día íbamos a quitar las rebajas y preparar la tienda», apunta Meis Alarcón.

Tenía la tienda en Silgar, el corazón de la villa turística. No había descanso. Trabajaba todos los días. Recuerda como los domingos tenía que irse a la tienda, mientras su familia seguía en la playa. «Ganaba dinero, era una locura pensar en cerrar la tienda», reflexiona Regina sobre esa época frenética. Pero como en muchas ocasiones, los puntos de inflexión los marca quienes te rodean. Y en su caso, los problemas de salud en la familia, que todavía le emocionan al hablar, le hizo pensar que la vida era mucho más que hacer caja y llegar a casa cuando sus hijos duermen. Así que se plantó. «Hice cálculos, hablé con mi marido y me fui de Silgar a la calle Progreso. La idea era solo tener un comercio on line, pero la gente seguía llamando a la puerta», recuerda con una sonrisa. Esta emprendedora de Portonovo cambió de ubicación y de horario. Abriría de 10 a 17 horas de lunes a viernes y de 10 a 14 horas los sábados.

En esa calle comercial que cruza el Sanxenxo menos turístico, Regina vio que su sistema funcionaba. Atendía a algunas clientas, fue poniendo más bonita la tienda, acondicionó un probador y lo que solo era venta por internet se convirtió en un mix en el que también había venta directa. Así estuvo unos seis años hasta que hace poco más de uno, el contrato de alquiler quería incluir unos cambios que a ella no le interesaban y se trasladó un poco más abajo. Abrió La Gatita Presumida en la calle Cesteiros, cerca del Concello de Sanxenxo y de la populosa calle Madrid. Cambió la dirección, pero no el horario. «Mi negocio dio un paso atrás, pero mi vida dio un paso adelante. Quiero seguir así, no necesito más», reconoce Regina, que si hay algo que agradece es poder estar con sus hijos por las tardes.

Ahora piensa en esos años en los que trabajaba de sol a sol y facturaba mucho. Se echa las manos a la cabeza. «Me parece una locura», reflexiona. Y reconoce que «ahora me quedo en la playa hasta la noche. Soy la última en irme». No poder disfrutar con los suyos de los días de descanso es algo que no volverá a pasar. Los horarios interminables detrás del mostrador ya no son para Regina ni para Rebeca, la empleada en la que confía desde hace años para sacar la tienda adelante. Se conocen desde el instituto y apostó por ella para hacer equipo. Aunque esta tienda de moda tiene un horario más europeo que español, su responsable asegura que detrás hay muchas más horas de trabajo para que la venta on line, que ya comenzó cuando estaba en Silgar, siga adelante. «Pero lo hago a mi ritmo, yo marco ese tiempo», concluye esta empresaria orgullosa de cada uno de los pasos que le llevaron a ser feliz trabajando. Y a no perder clientes.