Sanxenxo deberá sobreponerse

La situación en estas vacaciones de Semana Santa es la inversa de lo que debería ser el inicio de la campaña turística en las Rías Baixas

Una terraza en Sanxenxo, durante el puente de San José
Una terraza en Sanxenxo, durante el puente de San José

Para Sanxenxo lo ocurrido es una enorme contrariedad. Afrontar así la Semana Santa, con las restricciones que desde el viernes constriñen a la hostelería, es muy costoso para el municipio emblemático de las Rías Baixas. Poco consuelo es que también Baiona, otro icono de nuestro litoral, padezca las mismas limitaciones que Sanxenxo. Más bien, alerta. Indica que ambas villas, que han empeorado en pocos días las respectivas tasas de incidencia, padecen las secuelas negativas de su poder de atracción. El fuerte de ambas se convierte, en esta ocasión, en talón de Aquiles.

Un matiz previo más: este panorama en Sanxenxo como en Baiona, sirve para cuestionar la efectividad de algunas decisiones de los responsables públicos que gestionan esta crisis sanitaria. ¿Fue acertado el catálogo de medidas que se aplicaron en el pasado puente de san José? ¿Se ha vuelto a meter la pata como pasó con las licencias concedidas en las pasadas Navidades que nos empujaron a la tercera ola?

Y también lleva a preguntarnos sobre nuestra propia responsabilidad, la de cada uno de nosotros que somos al fin y al cabo quienes protagonizamos los riesgos y padecemos las consecuencias.

Revés muy caro

Este revés definitivo a la campaña turística de Semana Santa en Sanxenxo agrava el daño acumulado en el destino Rías Baixas que evidencian las estadísticas. Las que reflejan el desplome de las pernoctaciones y de otros indicadores que siluetean «una crisis turística sin paliativos» como tituló este periódico hace un par de días. En el informe del compañero Marcos Gago, que tomaba como fuente inapelable los registros del Instituto Nacional de Estadística, se concluía que la provincia de Pontevedra ha perdido desde hace un año, más de un millón de turistas.

Agreguen ahora este otro dato: en 2019, último año de turismo normal, un visitante gastaba de media 160 euros diarios, según estimación que realizó Turismo Rías Baixas. La simple multiplicación del millón menos de turistas por 160 € y por 2 días de estancia mínima, ya dimensiona el impacto económico negativo.

Las segundas residencias

Sanxenxo ha caído atrapado por su gen turístico más reconocible: su condición de villa que concentra la segunda residencia de numerosas familias tanto de Galicia como del resto de España y también con una importante cuota de portugueses.

Escuché al alcalde Telmo Martín echando las siguientes cuentas que resultan esclarecedoras: en Sanxenxo hay registradas 16.000 viviendas de las que solo 5.000 están ocupadas todo el año por los 18.000 habitantes de derecho que están censados en este municipio. Las 11.000 viviendas restantes son segunda residencia. De ellas, unas 6.000 de gallegos que eligieron e invirtieron en Sanxenxo para tener su casa o piso de vacaciones. Según Telmo Martín con que la mitad de esos gallegos vengan en estos días, se pueden juntar en la villa entre 10.000 a 15.000 personas. Tales movimientos de vehículos y personas no se pueden disociar del disparo que han experimentado los contagios.

En apenas una semana, Sanxenxo ha pasado a ser uno de los concellos de la provincia con peor tasa de incidencia (170 en 7 días; cerca de 250 en 14 días) en lo que ha supuesto un inesperado viraje. Parece anómalo, consecuencia de algo sobrevenido. No es descabellado sospechar que podría estar vinculado con esos flujos de turismo interior. Y que incluso a las fuerzas de seguridad se les hayan colado cientos de visitantes foráneos que se hubieran saltado el cierre perimetral de Galicia.

Infiltrados

Este segundo supuesto, el aluvión de madrileños y demás procedentes de otras regiones (que sí ha existido como acredita una simple caminata por el paseo de Silgar prestando oídos a los acentos de los viandantes) vuelve a constatar el fracaso de las medidas planteadas en co-gobernanza por las comunidades autónomas y el Gobierno central. En Sanxenxo bien lo saben pues ya en el primer estado de alarma, se evidenció en marzo del 2020 la presencia de personas procedentes de otras comunidades del Estado que se habían escabullido.

Sobre todo, de Madrid. Una situación que se repitió en octubre con motivo del puente del Pilar.

Sin embargo, el discurso oficial del Concello escapa de cualquier tentación de criminalizar a los visitantes. Pero el alcalde Martín lo que sí hace es apelar a la responsabilidad común de todos a la hora de cumplir con los protocolos anti-covid: mascarilla, higiene, distancia, respetar las restricciones de aforos y de número de personas que se pueden reunir.

El regidor admite que la Policía Local tiene instrucciones para vigilar en locales de hostelería, terrazas, supermercados y allí donde puedan ocurrir aglomeraciones que sirvan de caldo de cultivo a los contagios. Mientras es la Guardia Civil la que se encarga de los controles en los accesos por carretera general y por la Autovía do Salnés.

Sin embargo, no se puede reducir el problema a una cuestión policial. Estoy plenamente de acuerdo con Telmo Martín cuando apela a ese esfuerzo común de la ciudadanía para revertir la tendencia actual en aras a conseguir salvar la campaña veraniega y no perjudicar la marca Sanxenxo. Más responsabilidad de cada visitante y más vacunados, pueden evitarnos un segundo año de desplome económico para la villa más turística de Galicia.

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