Sanxenxo amanece con un cierre esperado

Sanidade resalta que la tasa de positividad más alta del municipio está entre los 20 y 24 años

Hosteleria cerrada en el paseo de Silgar, en Sanxenxo
Hosteleria cerrada en el paseo de Silgar, en Sanxenxo

pontevedra / la voz

Sanxenxo apuraba ayer los últimos cafés y las últimas tapas antes de que a medianoche tuviesen que bajar la verja de forma obligatoria por las restricciones impuestas por el comité clínico ante el aumento de los contagios en una localidad que hasta ahora había esquivado el cierre perimetral. Los hosteleros esperaban que el cambio en las limitaciones llegase a finales de la semana pasada y desde el domingo vivían pensando ¿cuándo sería? «Ya no estábamos comprando mucha mercancía, pero la verdad podían habernos dado más margen y no solo 24 horas», apuntaba Eloy Blanco, responsable de una cafetería en el Paseo de Silgar, que este martes llenó la nevera con fruta y otros productos perecederos. Junto a su socio, Sergio Dorado, cogieron el traspaso del negocio en febrero, un mes antes de tener que cerrar por el estado de alarma.

Y desde entones, han sido meses de altibajos. Volvieron a abrir en verano y ahora, otra vez, vuelven para casa. «Nos hacen sentir culpables si la hostelería fuese el problema, los hospitales estarían llenos de camareros», comenta Blanco, mientras Dorado remarca que «cuando empezamos nadie se imaginaba lo que nos esperaba y las ayudas del gobierno local no fueron suficientes para los bares de Silgar y el entorno del Concello». Aunque ellos preferían estar abiertos, reconocen que la caja no es suficiente solo con los vecinos de Sanxenxo. Si en una noche de verano se pueden servir 80 cócteles y cien copas, estos días se ponen una docena de copas después de comer. «El último pedido grande de alcohol es del 3 de agosto», apunta Blanco.

Las terrazas de los bares y cafeterías se montaron ayer por última vez, aunque pocos fueron los que se animaron a pasar un rato en ellas. Mientras algunos tomaban el café del descanso de media mañana, los operarios instalaban unas luces de Navidad que esperan que vuelvan a iluminar las calles cuando se levanten las restricciones. Todos saben cuando se bajaba la verja, pero había dudas de hasta cuándo se extenderán las limitaciones.

La teniente alcalde, María Deza, en una conferencia junto a los representantes de Cambados, Vilanova, Vilagarcía y O Grove, confirmó que será hasta el 4 de diciembre, como el resto de cierres impuestos, pero «dependerá de la evolución de la situación sanitaria del municipio». El último dato recoge 81 casos activos, cuatro más que la jornada anterior, cuando hace una semana había 68. «Non podemos ter un policía vixiando a cada persoa polo que é fundamental a responsabilidade colectiva», comenta Deza.

Alto riesgo

Sanxenxo entra en este cierre perimetral con O Grove, algo que ha sorprendido a muchos en el pueblo. «Para qué vamos a ir nosotros a O Grove, la gente de Sanxenxo vive hacia Pontevedra», explicaba uno de los hosteleros de la capital turística, que lamentaba que la hostelería fuese otra vez la criminalizada: «Nosotros tenemos los bares con poca gente y tenemos que cerrar, pero las tiendas siguen abiertas».

En el Diario Oficial de Galicia, la Dirección Xeral de Saúde Pública recoge que las tasas acumuladas a 3, 7 y 15 días en Sanxenxo y O Grove son superiores a las estimadas para el conjunto de Galicia. La tasa acumulada a 14 días en la comarca es 1,10 veces mayor que la de la semana anterior y 1,5 veces superior a de las dos semanas anteriores. En los últimos 7 días, tanto en Sanxenxo como en O Grove se declararon casos a diario. Y el número reproductivo está por encima de 1, «o que significa que segue a manterse transmisión», según recoge el DOG. El comité clínico resaltó que la comarca tiene valores de «alto risco» con una positividad muy elevada en los grupos de edad de 20 a 24 años.

Los hosteleros asumen las restricciones intentado que sean la solución a una agonía económica que llevaban viviendo desde que hace 12 días se ordenó el cierre perimetral de Pontevedra y Poio. «Estábamos haciendo cajas semanales de 500 euros, no se puede vivir solo de los que vivimos en el pueblo», explica Berta Bragaña, de Albatros. Superó un verano «mejor de lo esperado», pero la segunda ola del covid los ha dejado casi sin actividad, especialmente desde el cierre de Pontevedra. «Ya abríamos solo por la mañana y no damos comidas», apunta.

El pasado lunes, después de una noche dándole vueltas a la cabeza, llegó a su local avisando de que sería el último día. «Prefería estar cerrada, pero al llegar aquí y decírselo, me convencieron para seguir», explica Bragaña, que a media mañana tenía tres mesas ocupadas y sus clientes asumían que el cierre estaba visto: «Total, ya no podemos hacer nada». Eran muchos los que aseguraban que con la poca gente que había en la localidad, los contagios en los bares «son casi imposibles».

Pero a medida que avanzaba este último día «de libertad» en Sanxenxo, las terrazas empezaban tener algo más de ambiente de despedida ante una medida que esperaban desde hace días que entrase en vigor. «Si no lo aplicaban ya y esperaban unos días, los casos bajarían y no habría que hacer nada», especulaba uno de los hosteleros.

Desde medianoche, los vecinos de Sanxenxo no podrán salir del municipio, salvo por trabajo y causas justificadas, y se limitarán las reuniones a cinco personas convivientes. La teniente alcalde y el concejal de Deportes, Daniel Arosa, recordaron ayer a los clubes y colectivos deportivos que no se puede hacer prácticas colectivas, una medida que excluye al deporte federado.

Sanxenxo amanece hoy sin hostelería, pero se resigna pensando que al menos le ganaron una semana de trabajo al resto de concellos de la comarca.

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