«Cuando todos cierran, decidí abrir. Voy a contracorriente, pero estoy feliz»

Laura Escudero inauguró su tienda en Sanxenxo, donde aumentan los locales en alquiler


pontevedra / La voz

Entre media docena de bajos vacíos y con el cartel de se alquila en sus escaparates, uno se da cuenta de que el verano en Sanxenxo no fue tan fructífero como otros años. Con el otoño ya encima y la sombra del invierno acercándose todo hace pensar que los negocios de temporada tendrán que esperar, al menos, hasta la próxima Semana Santa. Muchas comerciantes no han logrado sobreponerse a la baja facturación del verano y han bajado la verja de forma definitiva. Otros, resisten, pero los hay que este entorno no les desanima para emprender. «Cuando todos cierran, yo decido abrir; voy a contracorriente, pero estoy feliz», dice Laura Escudero, que el pasado 9 de noviembre cumplió su primer mes en Ohana, una tienda de moda a la que se aventuró cuando Sanxenxo vive a medio gas bajo el yugo de las restricciones. «Da algo de miedo abrir en esta época, pero encontré el local y estoy enamorada de Sanxenxo», explica esta joven emprendedora.

Ni el covid, ni el otoño, ni las limitaciones pudieron con el sueño de esta apasionada de la moda que hace un balance positivo del primer mes al frente de su tienda, algo que no pueden decir otros comerciantes que se han visto obligados a bajar la verja de su negocio tras un verano en el que no se facturó lo suficiente como para poder mantenerse en invierno. Es habitual que en esta época del año, muchas tiendas de Sanxenxo cierren temporalmente, pero este otoño se ven demasiados bajos vacíos de las que ya no han podido ni abrir. «Sí que hay más locales en alquiler que otros años y muchos están negociando con los propietarios para ajustar el alquiler», explica Juan Manuel Rodríguez desde la inmobiliaria que lleva su nombre: «Estamos en un momento delicado, te puedo decir que hay gente que ha bajado el 50 % de la mensualidad al inquilino porque sino tenía que cerrar y eso es siempre peor».

Desde Javier Tovar coinciden en que el covid ha hecho caer parte de esa demanda que se repetía todos los meses de marzo y abril. «Aquí los locales trabajan en verano para mantenerse el resto del año, pero los precios de los alquileres lo han hecho más difícil con el covid», explican desde la inmobiliaria. Y es que un bajo de cien metros cuadrados bien ubicado en el entorno de Silgar dispara el precio casi hasta los 3.500 euros al mes. Entonces, ¿qué ha pasado? Que muchos de las que estaban en alquiler antes del verano ya se han quedado así ante la baja demanda de emprendedores y los elevados precios. La marcada estacionalidad de Sanxenxo y la pandemia han frenado las ganas de emprender y han descolgado del circuito a negocios que no pueden asumir los costes de estar abiertos en un invierno donde el cierre perimetral deja sin visitas el municipio.

El propietario de varios bajos en el centro de la villa reconoce la ralentización que supuso la pandemia en el mercado inmobiliario. «Normalmente tengo todos alquilados, pero ahora hay dos que están pendientes. Hay que ser positivos y pensar en que todo esto repuntará», explica este propietario, que también ha tenido que ajustar los alquileres a sus inquilinos en los meses más duros de la pandemia.

A pesar de las restricciones, Laura Escudero reconoce que se han quedado en sus segundas residencias muchas familias que no viven en Sanxenxo habitualmente. «Ellos están viniendo a comprar ropa de invierno», apunta esta emprendedora que disfruta de ir a contracorriente.

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