Sin forasteros no hay paraíso: concellos con los bares abiertos, pero aislados y sin clientes

En Sanxenxo, Bueu o A Illa la hostelería no tiene que cerrar. Da igual. Su economía sufre porque están rodeados de municipios confinados y tampoco pueden recibir clientela de las ciudades


Redacción / La Voz

A los de A Illa de Arousa les gusta decir que cuando cruzan el puente van al continente. No cuentan mentira. Da gusto escucharles porque en esas diez letras van implícitos dos sentimientos: el orgullo de ser de un sitio distinto y la buena acogida que les dan en su paraíso a los forasteros. Desde esta medianoche, cuando se apliquen las nuevas restricciones, el continente más próximo quedará un poco más lejos de A Illa, incluso más que cuando había que cruzar en lancha motora porque el viaducto no existía. El municipio con el que lindan, Vilanova, está confinado perimetralmente. Y los otros más próximos, Vilagarcía y Cambados, también. Eso no ha generado alegría en el territorio isleño, como tampoco lo hizo en más concellos pontevedreses sin aislamiento, pero rodeados de otros que sí lo están, como Sanxenxo y Bueu. Hosteleros y comerciantes de estos lugares cuentan que, aunque no sea verano, sin forasteros y con el covid apretando, su economía sufre sobremanera.

En A Illa, hablan desde A Meca, uno de los templos del arroz con bogavante de las Rías Baixas. Mercedes Martínez, responsable del negocio, lo tiene claro: «Xa case era mellor que nos pechasen a todos, porque para estar así... Inflúenos moito que non poida vir xente doutros lados, tamén das cidades. Temos moitos clientes de Vigo, Pontevedra, A Coruña ou Santiago», indica.

«Intentaremos resistir así»

También se queja Manuel Martínez desde Bueu, un municipio rodeado de otros dos confinados, Marín y Cangas. Habla desde el emblemático restaurante Loureiro: «Intentaremos resistir estando abiertos, pero dependemos mucho de los clientes de fuera».

¿Y Sanxenxo? El buque insignia del turismo en las Rías Baixas también quedó sin restricciones, pero encajonado entre O Grove y Poio, con cierres perimetrales. Allí, a duras penas, se salvó la temporada de verano. Por supuesto, no fue como otros años. El otoño solía traer alegrías para los que siguen abiertos. Ahora no las hay. «Se están resintiendo todos los sectores, desde los alojamientos a la hostelería y el comercio. Ahora no pueden venir a pasar el día o el fin de semana personas de las ciudades o de otros concellos cerrados. No estamos en verano, pero antes a estas alturas habría un movimiento que ahora no hay. Además, que nos podrían cerrar en cualquier momento», afirma Alonso Martínez, presidente del Consorcio de Empresarios Turísticos (CETS).

Esa opinión de que la hostelería local se resiente la comparten desde la cervecería El Aviador de Sanxenxo. Los responsables del negocio tienen claro que, aunque el municipio sanxenxino ahora no esté cerrado, la situación puede cambiar y, además, las restricciones en el resto de los concellos les afectan negativamente. En contra de lo atribuido por error a los responsables de este local en una información publicada ayer por este periódico, los dueños del negocio El Aviador no opinan que el otoño esté siendo como otros.

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