La despedida de Juan Carlos I en Sanxenxo: una tarde hablando de barcos

El rey emérito se desplazó por unas horas el domingo por la tarde a la capital turística de las Rías Baixas

El rey emérito participando en una regata en Sanxenxo en el 2016
El rey emérito participando en una regata en Sanxenxo en el 2016

Juan Carlos I siempre se mostró feliz en Sanxenxo y aquí pasó unas horas de su último día en España hasta la fecha. Conocía la localidad desde los años cincuenta del siglo pasado cuando era guardiamarina en la Escuela Naval en su calidad de Príncipe de España. Ya como monarca reinante, volvió en varias ocasiones para actividades vinculadas con su pasión por las regatas y entre otras cosas estuvo en la salida de la Volvo Ocean Race desde Sanxenxo en el 2005. El puerto deportivo de la villa turística lleva su nombre y el actual alcalde, Telmo Martín, se negó a cambiarle el nombre desechando una moción del BNG. Esa vinculación de Juan Carlos I con Sanxenxo se intensificó en el 2015 cuando pudo volver a ponerse al frente de un barco y capitanear el Acacia. Ese viaje sobre las aguas de la ría de Pontevedra supuso su regreso a la competición marítima después de años apartado de las regatas como consecuencia de sus operaciones. A Sanxenxo acudió de la mano de su amigo Pedro Campos, y a Sanxenxo regresó con relativa frecuencia desde entonces.

El domingo por la tarde fue una de esas ocasiones. Fue una visita relámpago, de esas a las que tiene acostumbrados a sus amigos, porque don Juan Carlos aprovechaba cualquier posibilidad de viaje para acudir a la villa pontevedresa. Con Sanxenxo tenía un idilio que hasta le animaba a hacer sus pinitos con el gallego como un «en Galicia nunca chove» y que sirvió como reclamo turístico en el 2016. Y es que si algo le reconoce el Concello es que las visitas reales siempre significaban minutos de telediarios y páginas de periódicos. Una promoción turística enorme. Sus visitas llegaron a ser tan frecuentes que hasta podía estar en el puerto con tranquilidad, salvando ciertas distancias como si de un vecino más se tratase. 

Ahora, en su última visita a Sanxenxo, su estancia fue de perfil bajo. No hubo visita al Real Club Náutico, ni recepción de autoridades. No se dejó ver por la rada ni se expuso ante los móviles de los visitantes al puerto que en otras ocasiones le hacían fotos, sorprendidos de encontrárselo tan inesperadamente. El domingo pasado hubo solo una reunión pequeña de unos pocos amigos y en la casa de Pedro Campos, según fuentes consultadas por este periódico.

Hubo tiempo suficiente para charlar y cenar con tranquilidad. El rey emérito no soltó prenda de su marcha anunciando que se iba de España cómo trascendió en público el lunes con el comunicado de la Casa Real. Solo les dijo, entre otras cosas, que se iba sin profundizar en los motivos, por lo que como es normal que por estas fechas esté fuera, no se le ocurrió a los presentes interpretar esas palabras como una marcha más meditada, prolongada y expresada en los términos del comunicado del lunes.

Y así, sin que los demás sospechasen la decisión ya tomada, en la cena se habló sobre todo de mar y de regatas, de barcos y de competiciones. La próxima prevista en Sanxenxo es en septiembre pero el Real Club Náutico está pendiente de su celebración dependiendo de la situación de la pandemia para esas fechas. No se sabe si estará o no don Juan Carlos en esa prueba.

Lo que sí es lógico es que los barcos acaparasen mucho de la conversación al estar entre marinos y deportistas y con el escenario de la ría de Pontevedra de fondo, esa ría que le animó hace cinco años a ponerse otra vez en la cubierta de un velero para navegar y quién sabe si será esa misma ría uno de los lugares donde se volverá a ver al monarca emérito en España. 

Juan Carlos I se fue tan discretamente cómo llegó el domingo. Fue su despedida a sus amigos y a la que podría considerarse también su ría.

Los Fanjul, una rica familia vinculada con Alfonso XIII

FRANCISCO ESPIÑEIRA
Juan Carlos I, junto al presidente dominicano Danilo Medina y los hermanos Alfonso y José Fanjul, en La Romana
Juan Carlos I, junto al presidente dominicano Danilo Medina y los hermanos Alfonso y José Fanjul, en La Romana Reuters

El círculo más cercano de Juan Carlos I asegura que ha viajado hasta República Dominicana para alojarse en un lujoso complejo propiedad de esta familia

Los Fanjul son una saga de empresarios que emigró a América a comienzos del siglo XX y que hicieron su fortuna -hoy estimada en unos 8.200 millones de dólares- en Cuba hasta que en 1959 tuvieron que huir de sus propiedades en La Habana tras la entrada triunfal de Fidel Castro en la capital de la isla. Y son propietarios de Casa de Campo, el lujoso complejo de República Dominicana donde muchos sitúan en estos momentos al rey emérito Juan Carlos I.

La familia se asentó en Miami y emprendió la diversificación de los negocios familiares. Por entonces, José, el segundo de los cuatro hijos del matrimonio formado por Alfonso Fanjul y Lilian Rosa Gómez-Mena, contaba con apenas 15 años y se marchó a Estados Unidos para licenciarse en Empresariales en la Universidad de Villanova, perteneciente a los agustinos y situada en Filadelfia. Pepe fue uno de los principales donantes de la campaña de George W. Bush, mientras que su hermano Alfy se decantó por el demócrata Bil Clinton, del que fue jefe de campaña en Florida.

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