«Yo estoy muy feliz en mi leira de Silgar»

A muchos les cuesta adaptarse a las cuadrículas que plantó Sanxenxo en el arenal. A otros, les da la vida


pontevedra / la voz

Llegar a Sanxenxo un sábado 4 de julio al mediodía, con un sol de justicia y el termómetro desbocado, y encontrar aparcamiento a la primera a cien metros de Silgar puede ser una simple casualidad. Puede. Pero ayer no lo parecía. Si uno miraba hacia los pisos en primera línea de playa, esos que esperan todo el año a que vengan los veraneantes, aún había mucha persiana bajada. Y, aunque a pie del famoso arenal se veía ambiente, la frase de la dependienta de una confitería de la calle Luis Rocafort resumía bien la foto fija de ayer: «Hay mucha menos gente que estos últimos años. Puede que aún no viniesen o puede que no vengan, ojalá que sí. Pero de momento no hay la misma gente», señalaba. Y esa misma impresión tenía uno de los socorristas que hacía guardia en Silgar que, aún así, advertía: «Hay que ver lo que pasa a partir del 15 de julio, que es cuando aquí empieza lo fuerte».

Mientras no llega ese día tan señalado porque es cuando la temporada está en pleno apogeo, en Silgar se va probando cómo resulta el parcelado del Concello. Hay que recordar que el Ayuntamiento plantó estacas y cuerdas e hizo una especie de cuadrículas para que se meta dentro el personal y se eviten aglomeraciones en Silgar. Cierto es que son muchos a los que le cuesta estar dentro de esos espacios acotados. Es más, solo lo hacían, sobre la una de la tarde, cuando los acomodadores o informadores de playa les indicaban que en primera línea del litoral era ya difícil mantener las distancias. Entonces, algunos remoloneando, iban ocupando las parcelas. Se quejaban, sobre todo, de que en la parte más próxima al paseo, que es donde está la cuadrícula de palos y cuerdas, «el calor es terrible».

Francisco Vilas, en su cuadrícula del arenal de Silgar
Francisco Vilas, en su cuadrícula del arenal de Silgar

Pero, ojo. No todo el mundo reacciona así. Es más, hay a quien el tema de las parcelas le parece estupendo. Lo contaba desde su silla de playa Francisco Vila, natural de Sada, que trataba de olvidar a golpe de sol lo duro que fue confinarse y el no poder seguir con su trabajo de comercial. «Yo soy muy feliz con mi leira de Silgar, pues claro que sí», decía el hombre con una sonrisa.

Igual de felices metidos en su cuadrícula estaban cuatro chavales recién llegados de Arteixo. Se alojaban en un hotel sanxenxino atraídos por el «seguro de sol» de las Rías Baixas. Cogieron dos parcelas pegadas para estar juntos, pero a la vez no amontonados. «Estamos en leiras pegadas», comentaban. No traían ganas de descubrir los encantos de la movida nocturna de Sanxenxo: «Sairemos cear pero nada máis, dá algo de medo ir de marcha», confesaban los muchachos.

Rosa, de Salamanca, en la cuadrícula en la que tomó el sol en Silgar
Rosa, de Salamanca, en la cuadrícula en la que tomó el sol en Silgar

También se había insertado en una cuadrícula una mujer salmantina, Rosa, que recordaba a pie de playa que hace 50 años ya vino a Silgar con una de sus hijas «en el cestito de bebé». Reconoce ella que en los últimos tiempos había cambiado el veraneo gallego por el de Maspalomas o Lanzarote. Pero está de vuelta: «Con esto del covid parece que me siento más segura aquí que allí, que tienes que ir en avión. Así que feliz en Silgar». Pues eso.

 

Primer día en las parcelas de Silgar: «Acomodador, dónde puedo ponerme»

nieves d. amil

Los bañistas son reticentes a estrenar las zonas acordonadas y se agolpan en la orilla

Primer día de sol en Silgar. Once de la mañana y los primeros bañistas llegan a la playa para sacudirse la poalla del fin de semana. Como si de un guion marcado se tratase, todos paraban en la rampa de acceso, miraban hacia el arenal y buscaban un hueco con un rápido barrido visual. Aunque había sitio de sobra, había dudas. Y la mayoría acababan con una pregunta a los acomodadores o informadores de playa que este año ha puesto en marcha el Concello de Sanxenxo para garantizar la seguridad de los vecinos y de los visitantes. «Acomodador, dónde me puedo poner, tengo que reservar sitio en el Concello antes de llegar», decía una mujer que bajaba junto a su hijo. «No, puede ponerse donde quiera, pero tenga en cuenta que entre sombrilla y sombrilla debe de haber cuatro metros y que la marea sube», explicaba uno de estos informadores que llevan en su espalda escrito: ¿Puedo ayudarte? «Va a ser un verano largo, ese va a ser nuestro papel, el de informar, no tenemos autoridad para nada más, si hay algún problema tendremos que avisar a la policía», decía uno de ellos en este primer día de sol.

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