La savia nueva del mar de Sanxenxo

La cofradía de pescadores amplía su cifra de barcos y tiene trece socios menores de 45 años


sanxenxo / la voz

Sanxenxo: sol, playa, gastronomía y barcos de pesca. La cofradía Santa Rosalía de Sanxenxo mantiene muy vivo y con proyección de futuro el trabajo en el mar, la profesión a la que se dedicaron muchos vecinos hasta bien entrado el siglo XX. En los últimos años el pósito, que tiene 18 barcos, ha ganado tres que comparten dársena con las embarcaciones deportivas en el puerto de la capital turística de las Rías Baixas. La cofradía tiene 13 socios menores de 45 años y otros 33 de entre 45 y 65 años.

Para su patrón mayor, Sauro Martínez, son un valor a cuidar, no solo desde el punto de vista laboral y profesional, sino porque aportan su grano de arena al atractivo turístico de la villa. La cofradía data de 1890 y está regulada como tal desde 1939. «Es un sector que nunca falla al pago mes a mes en este momento de la sociedad actual», recalca Sauro Martínez. «A la gente de fuera les gusta ver los barcos y las artes, lo cual hace más atractivo este lugar», insiste.

José Javier e Hipólito Gómez Seijas, de 27 y 35 años, son hermanos y dueños del Raquel, barco que capitanea el mayor. Hipólito trabajó de carpintero antes de ir al mar en el 2011. Cuando su padre se jubiló asumió su puesto en el Raquel. «Tenche que gustar, a vida do mar é un traballo duro». No lo cambia «pola liberdade que teño no barco», añade. Su hermano, con experiencia previa en la hostelería es el más joven de la cofradía. Le ve futuro al sector en la villa, pero incide, hay que tener ganas de trabajar. «No mar hai días de moito peixe e outros de pouco ou nada. Ten as súas vantaxes, como os fins de semana libres e é moi diferente a traballar en terra», sostiene.

Una salida laboral digna

Juan Rea Méndez, de 43 años, es el propietario del J. Lores. En su trayectoria está ser panadero en Sanxenxo y la construcción en Porto do Son. Empezó a ir al mar en Sanxenxo hace un mes y medio. Asegura que no veía futuro en tierra y probó en la pesca. «Gústame, o mar encántame e é unha opción de sacarse un soldo digno». Compró el J. Lores, pero no lo puede capitanear. Tendrá que esperar dos años y por lo tanto en su barco hay otro tripulante, con más experiencia. Rea señala que la gente joven rehúye del mar «porque é duro», pero él no lamenta su decisión. Se ve trabajando en la ría hasta que se jubile.

Para Isidro da Silva Norat, de 32 años, el mar «é como unha droga, no bo sentido da palabra». Su cara se ilumina cuando se le pregunta qué le atrae de su profesión. «Gústame, lévoo dentro, chámate saír incluso cando está mal tempo». Tripulante del Playa de Sanxenxo, indica que algún día espera «ter o meu propio barco» y, como a sus compañeros, le ve futuro a la pesca sanxenxina. «O mar é como calquera outro traballo. Hai que saber o que se fai».

Diego Garea, de 37 años, es marinero del Novo Lupita. ¿Por qué la pesca? «Os meus familiares van ao mar desde sempre». Enrique Barreiro, de 40 años, es patrón del Felipe Segundo. También estuvo siempre en la flota local. De esta profesión le gusta «traballar ao aire libre e ademais non é sempre no mesmo sitio». Es más pesimista sobre el futuro del sector. Se queja del exceso de burocracia en el mar y lamenta que «non hai mozos novos que queiran estudar e sacar os títulos».

En la cofradía no hay marineras, pero Paula Fernández, la secretaria del pósito, tiene un papel vital en su funcionamiento. Comenzó en el 2016 con una beca de la Diputación y siguió en la cofradía. Cree que si no hay más jóvenes es por la dureza del oficio, pero que es una profesión «con moitas posibilidades». E insiste, puede no haber ahora mujeres a bordo, pero ellas tienen un papel muy importante en la sombra, tanto como rederas, como limpiando y poniendo a punto los aparejos.

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