Catherine L´Ecuyer: «Hay niños que viven como pequeños ejecutivos estresados»

La autora, que vende miles de copias de sus libros, dio una charla en Sanxenxo sobre educar en el asombro


pontevedra / la voz

Catherine L´Ecuyer, natural de Canadá, afincada en Barcelona y madre de cuatro hijos, es una de esas autoras a las que miles de padres leen para tratar de educar mejor. Vende miles de copias de sus libros, estuvo como ponente en una comisión educativa del Congreso o acumula más de un millón de visitas en su blog. Ayer estuvo en Sanxenxo hablando de una de sus publicaciones fetiche, Educar en el asombro, que acumula ya 24 ediciones.

-Habla de educar en el asombro, ¿cómo se hace eso?

-El asombro es el deseo para el conocimiento. No es solo curiosidad, es sorprenderse porque el mundo es, pero podría no haber sido. Cuando veo el cielo, me asombro porque el cielo existe, porque no lo doy por supuesto y agradezco su existencia. Los niños se asombran porque no tienen el mundo tan visto como nosotros.

-Sorprenderse ante el mundo y admirarlo con calma... ¿es eso incompatible con la vida frenética de casi todas las familias, se contagian las prisas de los adultos a los niños?

-Los adultos vivimos en el pasado y en el futuro. Los niños no piensan en lo que hicieron o en lo que han de hacer, sino en el presente. Lo viven con intensidad, como si fuera un regalo. Esa característica es preciosa, y deberíamos aprender de ellos. Pero hoy hay muchos niños estresados porque sus padres se lo transmiten; niños que viven como pequeños ejecutivos estresados, porque tienen más extraescolares que tiempo libre.

-¿Cómo se hace para que los niños vivan con calma si el ritmo laboral marca otra cosa?

-No se trata de vivir como caracoles… Hemos de podar nuestras vidas de cosas superfluas. Nos pasamos todo el día trabajando y comprando. Los niños necesitan muy poca cosa. Hay que atender a sus necesidades básicas y pasar todo el tiempo que podamos con ellos. Un niño no es feliz porque le regalamos cosas, es feliz porque le dedicamos un rato exclusivo cada día. Por lo menos quince minutos, que hay padres que ni eso. Y luego no entienden porque sus hijos están todo el día delante de la pantalla.

-¿Qué dice de los límites?

-Los niños necesitan límites. Es más, los piden a gritos. Y dejar al niño hacer todo lo que quiere, dándole todo lo que pide antes de desearlo, es matar su asombro. El asombro, insisto, es no dar el mundo por supuesto. Cuando el niño tiene todo, da todo por supuesto. Y entonces piensa que las cosas y las personas han de comportarse como él quiere.

-¿Qué opina de los castigos?

-Los castigos -y las recompensas- son palancas de motivación externas. Ante ello, el niño actúa para complacer a un adulto o para evitar que le pase algo malo. No actúa por deseo de hacer el bien o por sed de conocer.

-¿Entonces, nunca hay consecuencias? ¿O sí?

-Sí, la consecuencia natural no es lo mismo que el castigo. El castigo es algo que está impuesto por el adulto para controlar al niño, algo totalmente mecánico. La consecuencia natural es algo que el niño sabe de antemano que pasará como consecuencia natural de sus acciones. Si no estudio, no apruebo; si no me pongo crema solar, me quemo; si miento, las personas no confían en mi palabra. Es bueno ayudar al niño a entender las consecuencias naturales de sus acciones.

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