Las nueve generaciones de los Trelles de Noalla

Un fajo de cartas en Moaña y una calle en Portonovo sirvieron para desvelar 272 años de historia familiar


sanxenxo / la voz

Benito Paz Trelles (Moaña, 1936) siente pasión por su apellido materno, tanto como para escribir dos libros y promover sendas reuniones de parientes que se celebraron en Moaña (2007) y en Sanxenxo (el pasado sábado). En sus investigaciones, que le han llevado a ambos lados del Atlántico, ha podido sacar a la luz los hitos principales de una familia que ya va por su novena generación desde que Joseph Trelles, asturiano, se casase con Francisca Antonia Radío Míguez, en la sanxenxina Noalla un lejano 1746.

A Benito siempre le llamaron por el apellido de su madre, desde el colegio a la mili, pasando por el seminario donde se ordenó sacerdote. Fue uno de sus compañeros, Joaquín Gómez Barrosa, párroco de Cuntis, quién despertó el interés por la genealogía. «Díxome, hai una rúa a Francisco Trelles Carballa, nado en Portonovo en 1850, e non sei se terá que ver contigo», relata Benito. Fue el principio de un interés por saber más. «Era médico», relata. La calle se la pusieron en 1925. Tanto tiempo después, ¿se acordarían de él en la actualidad? «Fun ao Concello de Sanxenxo e non sabían dicirme por que lle puxeran unha rúa», explica.

El tesón de Benito tuvo su recompensa y los descubrimientos se sucedieron. Aquel Francisco Trelles Carballa marchó a América y murió en Puerto Rico. En su biografía se encuentra, por ejemplo, haber contraído matrimonio con la hija de un industrial marinense de la salazón, Teresa Vázquez Conde. Fue su patrón quien le dejó claro que si quería a su hija tendría que aspirar a ser algo más que el oficinista de su fábrica. Ese fue el acicate para que hiciese Medicina. Y en Marín marcó también época, porque fue uno de los primeros matrimonios civiles en este Ayuntamiento, ya en 1872. El acta de esa boda a las diez de la noche ocupa varias hojas en el Registro Civil.

Los Trelles a los que este moañés pertenece son descendientes de esa raíz sanxenxina. Los avatares de la vida llevaron a la fundación de una rama en O Morreazo, en la que se incluye Benito. Este sacerdote, que nunca llegó a ocuparse de una parroquia sino que le asignaron puestos docentes como él mismo explica, se secularizó, se casó y se instaló en A Coruña, donde ejerció de profesor de Gallego en un instituto.

Un misterio en Cuba

Su hija fue la que despertó ese interés por indagar más en los orígenes familiares. «Ela viña con frecuencia a Moaña e un día chega á casa cunha maleta chea de papeis, uns douscentos documentos de Enrique Trelles, case todos cartas de Cuba», comenta.

Al leer las misivas de su abuelo a su abuela, la mano de Benito fue trazando los árboles familiares y la historia más íntima de sus propios ancestros. Enrique tuvo poca fortuna y murió en La Habana, en Cuba, en 1931, pero su vida impresionó a su descendiente. «A raíz disto empecei a escribir o libro A familia Trelles de Galicia a Cuba». Para hacerlo hubo incluso un viaje a la perla de las Antillas. Y es que un José Antonio Trelles Radío está enterrado en la catedral de Matanzas.

Cuando Benito encontró Trelles residiendo aún en Cuba, les preguntó si eran parientes y le dijeron que no, porque ellos no tenían ninguna relación con Galicia. Todo era un error, porque sí que la tenían. Lo que pasaba es que en la partida de defunción solo ponía que el Trelles enterrado en la catedral con todos los honores era natural de Noalla, y en Cuba no les constaba ningún municipio gallego con ese nombre. Benito solucionó así el entuerto.

Cuando presentó su primer libro, Benito invitó a la entonces alcaldesa Catalina González a asistir al evento en Moaña. Ella le dijo que no podía, pero que «me ía mandar unha Trelles». Así fue. Se trataba de Susana Fernández Trelles, sorprendida por hasta dónde habían llegado sus familiares.

Había una mitad de la historia por contar. Los descendientes de aquellos que sí se habían quedado en Sanxenxo y así Benito se puso manos a la obra reuniendo datos que le llevaron a O Grove, Meaño, Ames y Pontevedra. El pasado sábado presentó a unos 60 integrantes de esta rama familiar su último libro, en un reencuentro para el recuerdo.

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