Cuando se cosecha en el campo y en la ría

Pilar Otero Fernández, vecina de Dadín, presentó el ejemplar más grande de la Festa da Cebola de Sanxenxo de este año


sanxenxo / la voz

Pilar Otero Fernández (Sanxenxo, 51 años) solo tuvo diez minutos de respiro en una mañana donde cambió la ropa de aguas de su profesión de mariscadora por un atuendo de campo para vender los productos de su huerta en la Festa da Cebola de Sanxenxo. Y digo que solo tuvo diez minutos de descanso, si es que se le puede llamar así, en toda la mañana porque por su puesto, el número 56 de la Praza dos Barcos, pasó toda una avalancha de turistas y vecinos que acudían a comprar cebollas y hortalizas en una jornada especial para los sanxenxinos. La fama de las cebollas sanxenxinas precede a esta cita agrícola. Durante siglos, fueron un producto de intercambio con las localidades del otro lado de la ría.

El tiempo estuvo algo desapacible y esto fue un factor determinante para que la Feira da Cebola, que ya es multitudinaria de por sí, este año se viese desbordada, tanto que había casi que andar a codazos para poder abrirse paso ante el gran número de personas que ocupaba el puerto deportivo y la Praza de Os Barcos, en una riada interminable durante horas. A escasos minutos andando, en la playa de Silgar resistían en la arena los más atrevidos, que desafiaron a las nubes hasta que un cielo encapotado descargó una fuerte lluvia que vació la playa y dio otro respiro, si bien esta vez pasado por agua, a los feriantes.

Volviendo a la jornada matinal, antes de la tormenta, el momento de descanso del ajetreo de la atención a los clientes fue breve. Duró solo los pocos minutos de la espera a que llamasen a Pilar desde el escenario de la fiesta para que subiese a recoger el premio por haber presentado al concurso la cebolla más grande que cultivó este año en su finca de Dadín. Con 1,98 kilos, el tremendo ejemplar logró el primer premio y Pilar subió al estrado, con la cebolla ganadora en un cesto. Al bajar, regresó al puesto de la feria agrícola y hasta que cerró, sin contar el interludio del chubasco, no paró de atender clientes y vecinos.

Premio compartido

No es la primera vez que esta vecina se presenta al concurso. Ya lo hizo el año pasado, aunque admite que el ejemplar que ofreció para que lo examinase el jurado estaba muy lejos del tamaño del ganador. Era grande, pero no llegaba al kilo. La de este año sí que lo hizo, lo sobrepasó con creces y la dejó sorprendida porque no se lo esperaba, según ella misma explicó. El premio lo comparte con Sonia Salgueiro, ya que ambas colaboraron en el cultivo y en la presentación de este producto del campo.

Al ver el ejemplar ganador en sus manos, no extraña que se llevase el premio. Es enorme, tan grande como una mano con el puño cerrado. Pilar y Sonia se encargaron de exhibirla a los cuatro vientos ante las preguntas de la prensa al acabar la ceremonia de las Cebolas de Ouro.

Pilar aprendió a cultivar el campo siguiendo el ejemplo de sus mayores y añadiendo las conclusiones de la propia experiencia. «Aprendín eu, e tamén co que me ensinou a miña nai e o que veía facer ao resto da xente cando plantaban», comentó. La lección la entendió bien, como se podía ver este martes por la calidad de los productos a la venta.

La tierra en Dadín es buena para los cultivos, señaló, por lo que todo es cosa de intentarlo. Cuando llega el momento de la cosecha, si se ha prestado la debida atención, se logrará sacar un buen producto. Y este año fue una de esas ocasiones en las que el esfuerzo no defraudó.

«Plantei as cebolas no mes de marzo, e boteilles moito abono», aclaró. Este año, con un tiempo tan irregular, desde el punto de vista de la meteorología, tuvo que prestarle más atención a la huerta para poder sacar adelante la cosecha. Lo consiguió y el objetivo alcanzado fue superior a lo inicialmente esperado. La cebolla del concurso era grande, no había más que verla, pero en las fincas de Dadín hubo muchas otras más cebollas, no tan voluminosas, pero de tamaño apreciable. «Levo moitos anos plantando e este foi o mellor», incidió, al menos en lo que al resultado para el concurso se refiere.

Pilar tenía difícil atender a la prensa durante la jornada festiva, porque los vecinos venían una y otra vez a por un kilo por aquí o una ristra por allá. Sin embargo, matizó que esta faceta agrícola no es la actividad principal a la que se dedica profesionalmente. Ella es mariscadora de a pie, en la cofradía de pescadores de O Grove. Es allí donde trabaja en la playa. Podría decirse que el sacho, que tan bien ha sabido emplear en su huerta, también lo aplica en la playa.

El marisqueo es una de las principales fuentes de trabajo femenino en la comarca de O Salnés, y esta mujer lo sabe desde muy joven. Pilar comenzó a trabajar en el mar con catorce o quince años y desde entonces ha estado ligada a esos campos que se sumergen cada día en el ciclo de las mareas y que la bajamar vuelve a dejar a la vista cada jornada.

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