Una huerta en el puerto de Sanxenxo

Emotiva entrega de la Cebola de Ouro a Alberta González, en un recinto abarrotado


sanxenxo / la voz

Sanxenxo celebró ayer por todo lo alto una nueva edición de la Festa da Cebola que convirtió a la Praza dos Barcos, a la entrada del puerto deportivo, en una huerta llena de productos del campo. La mañana amaneció desapacible, con amenazantes nubes de lluvia, pero eso no impidió que cientos de personas se dieran cita en el festejo para comprar, mirar o hacerse fotos durante toda la mañana. Más de sesenta puestos de venta animaron una jornada donde, además de cebollas, también se pudieron comprar pimientos, mazorcas de maíz, calabazas, tomates, ajos, judías y lechugas, por citar algunos productos.

Por un día, la explanada que vibró con los conciertos del verano y zona de tránsito para los trabajos marítimos, se convirtió en un escaparate de la fértil huerta sanxenxina. A escasa distancia, en la playa de Silgar todavía resistían los más osados, pero las temperaturas y las nubes invitaban a dedicar la jornada a algo distinto a pasear por la arena y una inmensa multitud de personas visitó las instalaciones portuarias y la feria.

Ante el temor de que la lluvia empañase el acto -y nunca mejor dicho-, el Concello adelantó la entrega de las Cebolas de Ouro, para poder aprovechar el escenario montado en Os Barcos.

La primera distinción la recogió Enrique Martínez Marín, presidente de la sociedad estatal Segittur. Martínez lleva muchos años veraneando en Sanxenxo y, desde sus sucesivos puestos en la Administración central, ha colaborado estrechamente con el Concello en la mejora de la calidad de las telecomunicaciones del municipio.

Después le tocó el turno a Alberta Manuela González, Berta para sus vecinos, que corearon su nombre al subir y lo repitieron al acabar. A sus 90 años, esta vecina, en una breve intervención ante un público entregado, agradeció el apoyo del Concello y los vecinos. Para los que no la conocían, como ella misma dijo, su vida había transcurrido en dos actividades principales: pantalonera en la sastrería de Jesús Paz y catequista desde su adolescencia hasta los 83 años en la parroquia. «Quiero agradecer esta Cebola de Ouro, no se sí me la merezco, pero estoy muy emocionada». Los aplausos de los presentes evidenciaron el cariño de sus vecinos y hasta el alcalde, Telmo Martín, confesó que esta era la distinción que entregaba con mayor emoción en todos estos años.

En este acto protocolario también se fallaron los premios a la cebolla más grande, con 1,098 kilos, de Pilar Otero Fernández, de Dadín. La ristra más larga volvió a ser, un año más, para Judite dos Reis Fernández, que tejió 145,6 metros de cebollas. La composición más artística fue para As mariscadoras da nosa ría.

Cuando todo acabó, el cielo descargó agua a raudales, tras dar una tregua suficiente para las Cebolas de Ouro.

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