Un poema lilaino por cada año de la librería Nós

El autor, que ejerce en Madrid, regresa siempre que puede a Sanxenxo, la villa a la que dedicó ya dos libros


sanxenxo / la voz

Antonio Castro Martínez (Sanxenxo, 1958) apura sus últimas horas en su villa natal antes de regresar a Madrid para reanudar su actividad profesional como magistrado tras las vacaciones del verano. Los sanxenxinos lo conocen también por ser un defensor de su localidad natal, por regresar siempre que puede aunque trabaje en el centro de España, por mantener en ella la casa que le vio nacer en pleno casco urbano y por utilizar su habilidad con las letras para plasmar en dos libros -Luz, viento, arena y mar y Lilainas- su punto de vista sobre esta villa. Ahora, con motivo del cuarenta aniversario de la librería Nós, que frecuenta desde que se fundó, ha sacado a la luz su faceta poética, con un libro que lleva el título de 40 Poemas para un universo de papel y que ayer presentó ante los sanxenxinos.

Para Antonio Castro, la literatura es algo tan natural como respirar. «No puedo recordar el primer día que escribí algo», señala. Entre sus recuerdos de infancia está cómo un día empezó a leer el periódico con su padre y las letras empezaron a cobrar sentido. Fue todo un descubrimiento que le abrió un mundo que no ha cesado de explorar. Su afición por las letras lo llevó a escribir Luz, viento, arena y mar, como una complicación de recuerdos de la infancia. A este le siguió Lilainas, «cinco cuentos con nombre de mujer y que desarrollan estereotipos del pueblo», apunta. Los relatos se inspiraron en situaciones que conocía, pero con aportaciones personales. «Es ficción trufada de datos biográficos», describe.

Nombrado juez en Vilalba en 1996, pasó otros once años en un juzgado de Guadalajara. Su periplo profesional lo llevó a otros destinos como el Juzgado de Familia número 16 de Zaragoza y a ser el juez decano de Alcalá. Su último puesto está en Alcobendas, pero pronto pasará al Juzgado de Instrucción y Primera Instancia número 71 de Madrid. Él, que conoce muy bien la judicatura, entiende que haya todavía personas que se sorprendan de que un juez pueda escribir libros en su tiempo libre.

«Nunca dejaré de escribir»

«La imagen del juez está muy estereotipada», afirma. Insiste en que la gente tiene que asumir que en los juzgados se defienden sus derechos, y añade, como contrapartida, que un magistrado puede encontrar en la literatura ese alivio al «diario agobio» de la responsabilidad exigente de impartir justicia. «La extrañeza de la gente al saber que escribo siempre viene de que parece que los jueces estamos ajenos al mundo, cuando formamos parte de la misma realidad», sostiene.

Con 60 años a sus espaldas, Antonio Castro considera que su amor por escribir es «una enfermedad incurable». Admite que «nunca dejaré de escribir».

Fue precisamente esta afición la que le llevó a componer durante años, no solo la narrativa con la que se estrenó en el mundo editorial, de mano de la librería Nós, sino también en poesías como las que ahora ha expuesto ante sus vecinos. Con su primer poemario publicado, Antonio Castro reúne cuarenta piezas, una por cada año de la librería Nós, situada en la calle Madrid, en Sanxenxo, con cuyo propietario, Jaime Corral, comparte su pasión por el mundo de la buena literatura actual.

Con algo de romanticismo, este magistrado admite que es de los que le gusta escribir en el papel, más que en el ordenador. Sin embargo, después de siete mudanzas por motivos laborales en los últimos 23 años, se ha impuesto el pragmatismo. El ordenador es la tabla de salvación para un autor del mundo moderno porque «las pequeñas libretitas donde escribía antes se han perdido» con el trasiego de casa en casa. En el ordenador es más difícil que eso pase, sobre todo si se tiene la precaución de hacer copias.

Cebola de Ouro 2014

En todos los destinos donde ha impartido justicia, este sanxenxino ha hecho gala de su villa natal. «Siempre que me dan dos metros de libertad aparezco en Sanxenxo. Como decía el poeta, si veis que no aparezco, buscadme aquí», manifiesta rotundo. «Yo no creo que haya nadie que me haya conocido más de cinco minutos que no sepa de dónde soy», puntualiza sonriente. Sanxenxo lo lleva en el corazón y en el caso de Antonio Castro es mucho más que una frase hecha. Es un sentimiento permanente. No solo viene en verano. Las escapadas se suceden en puentes y jornadas festivas del resto del año. Podría decirse que nunca llega a irse del todo de la capital turística de las Rías Baixas.

Hace cuatro años el Concello de Sanxenxo le otorgó la Cebola de Ouro, un reconocimiento del que mantiene vivo un sentimiento de gratitud y de satisfacción. Esta doble unión, la literaria y la sanxenxina, se plasmarán, al menos, en un cuarto libro, que está preparando y que espera dar a conocer en el futuro. Una nueva producción donde volverán a entrelazarse la inspiración de las musas y su defensa de Sanxenxo.

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