El 2017 traerá medidas contra la hierba de la Pampa en Sanxenxo

Medio Ambiente prevé el empleo de métodos químicos y manuales para frenar la expansión


Pontevedra / la voz

Los plumeros blancos de la hierba de la Pampa -de nombre científico Cortadeira selloana- chirrían en el idílico paisaje del istmo de A Lanzada, en el litoral de Arnosa o en la playa de Major. No solo desentonan con los frágiles ecosistemas de dunas y humedales de la costa sanxenxina, sino que también suponen un grave problema ambiental al amenazar la biodiversidad de este área sobre la que se acumulan las figuras jurídicas de protección, a nivel autonómico, estatal e incluso europeo.

La proliferación de la hierba de la Pampa es de tal calibre que ha despertado las quejas vecinales, que han denunciando reiteradamente la proliferación de esta especia invasora. Zonas como el aparcamiento de A Lanzada, los márgenes del antigua campo de aviación y los dos laterales de la carretera que bordea la playa son algunas de las más afectadas. Las quejas vecinales han tenido eco, y la Xunta actuará a lo largo del 2017. No está claro aún con qué amplitud y en qué puntos concretos se actuará, pero fuentes de la Consellería de Medio Ambiente han confirmado que se incluirá al ámbito de la Zona de Especial Protección para Aves del Complexo Intermareal Umia O Grove (ZEPA) en los espacios naturales de Galicia donde se tomarán medidas directa para frenar la expansión de la planta invasora.

En principio, la delimitación de la ZEPA es amplia, toda la costa de Sanxenxo desde la playa de Nosa Señora hasta el final del istmo de A Lanzada. Además, se incluye toda la franja litoral arousana de Sanxenxo, desde A Revolta hasta Vilalonga y Arnosa. A mayores, se incluye también la costa de Meaño y Ribadumia, así como de partes de Cambados, O Grove y A Illa.

Está por ver si las medidas que se adopten implicarán un retroceso en la abundancia de esta especie o si al menos sirven para contenerlas. La dimensión que está alcanzando el problema ambiental es de tal medida que o se intenta algo o los humedales que sirven de protección y hábitat a miles de aves desaparecerán bajo las cortantes hojas de la cortadeira.

La erradicación de esta planta no es nada sencilla. Además de que por cada plumero se dispersan más de un millón de semillas que el viento contribuye a expandir, las raíces son tan profundas que no sirve con una simple poda de sus hojas. En algunas partes de Galicia se ha optado por la aparente solución más rápida, prenderles fuego. Sin embargo, esta medida es impensable en espacios protegidos como el complejo intermareal Umia O Grove. No tendría mucha lógica incendiar los penachos en entornos especialmente sensibles a las agresiones exteriores y se podrían crear otros problemas como consecuencia.

Desde la Consellería de Medio Ambiente, se insiste en que la actuación contra los penachos tendrá en cuenta dos sistemas, que pueden ser complementarios. Por un lado, allí donde sea posible, la utilización de métodos químicos, que hagan morir a la planta atacando la raíz, para evitar que rebrote a las pocas semanas.

La existencia de numerosos acuíferos limita el radio de acción de este sistema, por lo que se tendrán que emplear métodos manuales, en gran parte del ámbito donde se llevará a cabo la lucha contra esta planta invasora.

El Parque Nacional, pionero en la erradicación de plantas foráneas

Los responsables del parque Nacional Islas Atlánticas, actualmente adscrito a la Consellería de Medio Ambiente, han llevado a cabo desde el principio de la declaración del parque una política de eliminación de las plantas invasoras que amenazan la biodiversidad en enclaves tan especiales como Ons, Cortegada, Sálvora y Cíes. Una de las especies contra las que se ha actuado en estos últimos años ha sido la hierba de la Pampa, pero no es esta la planta que ha ocupado más tiempo a los técnicos y voluntarios de este entorno único en Galicia. La erradicación de especies invasoras se ha concentrado también en la erradicación de la falsa acacia que en algunos lugares de la isla de Ons representaba un problema ambiental. A mano se han quitado numerosos ejemplares de otra especie, la uña de gato, que de tener un uso ornamental se ha convertido en un peligro para la biodiversidad del hábitat insular.

La opción de prender fuego a las plantas está descartada en la zona protegida

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