A Lanzada reescribe su historia con una excavación que ilumina la vida cotidiana hace 21 siglos

Tumbas, edificios y cerámica abren una ventana al pasado


sanxenxo / la voz

Han pasado más de dos mil años desde que los familiares y vecinos de dos bebés y una mujer depositaron sus cuerpos bajo el suelo arenoso de lo que entonces era el cementerio galaico romano de A Lanzada, en Sanxenxo. Veintiún siglos después, los arqueólogos han sacado a luz sus restos, gracias a un plan impulsado con la Diputación -su presidenta, Carmela Silva está implicada personalmente en seguir el día a día de la campaña-. No sabemos sus nombres, ni de qué murieron, ni siquiera si llegaron a vivir en el mismo tiempo o si eran familia. Sin embargo, su descubrimiento ha emocionado a los que los han visto. Son un recuerdo de la fragilidad de la memoria humana y una ventana directa a la vida y a la muerte de los primeros gallegos, allá por el cambio de era cuando las águilas romanas dominaban el Imperio.

La aparición de estos esqueletos fue toda una sorpresa para el equipo de trabaja desentrañando los secretos de uno de los yacimientos históricos más famosos de Galicia. Demostró, según explica el director de la excavación, Rafael Rodríguez, que el cementerio antiguo, se extendía mucho más allá de lo que se pensaba -hasta ahora se creía que se limitaba al otro lado de la carretera-. Además, al estar en estratos del siglo primero después de Cristo, estos huesos pueden revelar muchos datos sobre la vida de aquellos gallegos -si es que eran gallegos y no personas venidas de otra parte del Imperio y establecidos en A Lanzada por circunstancias de la vida-. La prueba del carbono 14, que la Diputación ha encargado a un estudio de primera línea mundial, en Miami, permitirán correr parte del velo que encierra el misterio de su origen. Y los análisis antropológicos, a cargo de Olalla López, contribuirán a saber más de ellos, de cómo vivieron y, en la medida de lo posible, de cómo murieron.

Hay aún otra cuestión en torno a estos esqueletos que abre todavía más incógnitas que las preguntas que resuelve. Estos hallazgos, ¿qué pueden aportar a la hora de aclarar las creencias de la civilización a la que pertenecían? Las tres tumbas se han encontrado sin ajuar, ni ofrendas. La mujer fue enterrada en una caja a modo de ataúd -han aparecido los clavos oxidados de hierro-, mientras que uno de los bebés lo fue en una bolsa y el otro, por cómo se halló posicionado, siguiendo un probable ritual funerario de despedida. ¿Por qué no hay ajuar? ¿Por qué tan cerca de las viviendas o de las estructuras comerciales del yacimiento? ¿Quiénes eran estos primeros gallegos?

La Arqueología es una ciencia exacta en algunas cuestiones, y una disciplina interpretativa en otras muchas. Los especialistas pueden dar fe de dónde se encontró un muro, el cimiento de una construcción o los restos de cerámica. Su significado, es decir, para qué servían entra ya en el terreno más especulativo. Datos. Más restos. Más datos. Esto es lo que esperan encontrar Rafael Rodríguez y su equipo antes de aventurar más qué es. Son conscientes de que la presión vecinal y los focos mediáticos están puestos todos los días en ellos. Hay ganas de saber más sobre a Lanzada entre el público general, pero a los historiadores el rigor científico les impone tener cautela.

Han excavado cimientos de estructuras de un período que va de los siglos I al III después de Cristo y han hallado centenares de fragmentos cerámicos, incluida vajilla fina de importación. Ahora, debajo de las tumbas, se ven indicios de cimientos quizás prerromanos. Uso, arquitectura y quiénes los utilizaron están aún por determinar. En este caso y una vez más, hay que dar tiempo al tiempo.

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