Francis Lorenzo: «Jamás me he liado con una actriz»

El actor pontevedrés procura pasar un mes de vacaciones con sus padres


Arde la calle al sol de Sanxenxo. Me refugio con Francis Lorenzo (Pontevedra, 1960) en el interior de una cafetería frente a la playa de Silgar. Antes de entrar en materia llega una madre con su hija a pedirle una foto: «Hay días en los que me piden 200».

-A usted le dijeron que podía ser actor, pero cuando acabara la carrera.

-Sí. Estaba terminando psicología y me quedaban tres asignaturas, pero me fui a hacer teatro a Madrid. En casa me dijeron: «Hemos gastado mucho dinero en ti. Primero acaba la carrera y luego haces lo que te dé la gana». Y eso hice. Me di cinco años de plazo y no me fue mal. Lo que nadie sabe es lo mucho que me lo he currado.

-¿Viene siempre de vacaciones a Sanxenxo?

-Trato de estar con mis padres un mes. Ellos me lo dieron todo y, sobre todo, me dejaron ser lo que yo quería ser. Y eso es muy generoso. Se lo debo todo a ellos. Por eso me gusta pasar por aquí un mes. Pero cada vez que vengo me pongo encima cinco kilos.

-Y este personaje que tiene ahora, tan maléfico, ¿le resulta difícil?

-Yo me levanto muy temprano. Y el rato ese de la ducha hasta que me vienen a buscar, me lo paso generando un estado de ánimo adecuado, generando rencores que en realidad no tengo, porque soy una buena persona. Para hacer de malo no hay que poner solo la cara. Hay que sentirse malo. Y a mí a veces se me ponen los pelos de punta del odio que siento.

-¿Y en quién piensa para generar esos rencores?

-En Montoro. Ja, ja, ja.

-¿Le ha cogido manía al comisario? Habla muy mal de él.

-No, no. Es un gran personaje. He tenido mucha suerte con los que me han tocado, porque han sido muy distintos, en Médico de familia, en Compañeros... Con todos creo que he llegado a la gente. Ahora me preguntan muchas veces: «¿Por qué eres tan malo con la marquesa?».

-Supongo que a veces desearía no ser tan popular.

-Muchas veces. El sueño de mi vida es ser invisible. Pero no soy tonto. Sé que gracias a esa gente yo vivo. Entro todas las semanas en sus casas, ¿cómo no voy a hacerme una foto con ellos cuando me la piden?

-Tiene pinta de ser usted un seductor.

-Pues le diré una cosa. Llevo 32 años con la misma persona, de la que sigo enamorado. Y jamás me he liado con una actriz.

-¿Qué relación tiene con su móvil?

-Me gusta. Me conecta con el mundo. Tengo un uso constructivo del móvil. Pero por la tarde me voy a jugar al golf, lo apago cuatro horas y ni me acuerdo. Hay gente que le gusta el fútbol, o correr... a mí me gusta el golf. Otros van a terapia, a meditación, a yoga... Yo juego al golf. Suena un poco pijo, pero no lo es. Es lo más terapéutico que conozco. Y soy psicólogo. Si lo fuera profesionalmente, se lo prescribiría a mis pacientes.

-Ha convertido la pregunta del móvil en la pregunta del golf.

-El móvil me permite tener la oficina donde vaya, pero no cazo pokémons, por ejemplo, ni estoy en las redes sociales. Soy muy caliente y creo que contestaría cosas de las que luego me arrepentiría. Si tienes un perfil público, hay mucha gente dispuesta a hundirte. Sobre todo si tienes éxito.

-¿Qué echa de menos de Galicia? ¿O lleva tanto tiempo fuera que ya lo tiene superado?

-En realidad, mi vida está en Madrid. Allí nacieron mis hijos... Pero cuanto más recorro el mundo más me doy cuenta de que Galicia es el paraíso. Galicia es sublime.

-Ya dijo que el fútbol no le interesa...

-¿Cómo? Al contrario. Soy muy futbolero. Del Real Madrid y del Pontevedra. Y del Celta y del Deportivo. Y del Somozas, que está haciendo algo increíble en Segunda B.

-Me tiene que dar una canción para el disco que me estoy grabando.

-La banda sonora de mi vida es muy completa y va de Camilo Sesto a los Rolling Stones, pero el pop rock de los ochenta tiene un peso especial. Y el gran poeta de aquella época fue Antonio Vega. Elegiría Azul. O Una décima de segundo, ambas de Nacha Pop. Además, como soy muy tímido, las letras de Antonio me ayudaban a ligar en aquella época.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-¡Vaya preguntita! No querer ser más listo ni más guapo que nadie. Querer ser tú. Aceptarte como eres y disfrutar de ello. Lo más sencillo es lo mejor.

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