Ascenso y caída de Nino Mirón

El caso del empresario pontevedrés es el ejemplo de lo que llegó a ser el sector del ladrillo y del posterior estallido de la burbuja inmobiliaria, que dinamitó por completo sus negocios


La sorprendente noticia que conocimos en días pasados sobre la identificación de Nino Mirón como supuesto autor del robo que se perpetró en la antigua mansión del propio empresario, y que tuvo que saldarse por las deudas acumuladas, supone el mayor quebranto de la imagen de quien fuera uno de los pontevedreses más influyentes de las últimas décadas.

Esa residencia levantada en Padriñán, sobre la playa de Areas, en un enclave privilegiado, habría sido desvalijada por el mismísimo Saturnino Mirón Gutiérrez, según la Guardia Civil. Los agentes no tienen dudas de que fue él mismo quien se llevó numerosos bienes y enseres que luego se localizaron en un almacén de Monteporreiro vinculado al empresario. Sin embargo, el aludido entiende que no hubo tal sustracción, sino la retirada por decisión personal de diversos bienes que entendía que seguían siendo propios, como habría explicado ya a la Benemérita.

El problema radicaría en que Nino Mirón, al actuar así, se podría haber extralimitado pues la tutela de sus bienes está en manos judiciales y por tanto no podría manejar su patrimonio a su antojo. Dicho de otro modo, habría contravenido lo dispuesto por el Juzgado Mercantil de Pontevedra número 2 que tutela el concurso de acreedores en el que está inmerso Mirón desde hace dos años. Precisamente, la venta de la mansión de Padriñán corresponde a ese proceso concursal que liquida empresas y propiedades del otrora todopoderoso promotor. Por cierto, una venta que se habría realizado por un importe de poco más de un millón de euros (dato extraoficial), que estaría muy por debajo del precio de mercado que llegó a atribuírsele en los tiempos de máximo esplendor.

Ejemplo paradigmático

El sector del ladrillo fue sistémico en la economía pontevedresa en sus momentos de auge. Del mismo modo, el estallido de la burbuja inmobiliaria resultó formidablemente corrosivo. Más de un tercio de las empresas que estaban censadas se fueron al garete solo entre 2009 y 2012, según la estimación realizada por la Asociación Provincial de Empresarios de la Construcción.

Y es que el cambio fue brutal. Mientras se vivió la época de las vacas gordas, la prosperidad impulsó la búsqueda de relevancia social. Diversos constructores y promotores inmobiliarios obtuvieron un reconocimiento público ya fuera a través de la presidencia de clubes deportivos, de instituciones empresariales y, por supuesto también, mediante el acceso a la política y al ejercicio de cargos políticos.

Telmo Martín es, probablemente, el caso de mayor notoriedad en esta provincia por su periplo como alcalde de Sanxenxo, aspirante a la alcaldía de Pontevedra, jefe de la oposición municipal aquí y allá, y por el medio, diputado en el Congreso de la Nación. Su meteórica ascensión política coincidió con el cénit de firmas del sector participadas por Martín Gónzalez como Construcuatro y Hierros Santa Cruz.

Los Mirones fueron el otro gran referente de ese modo de medrar socialmente a costa de la notoriedad adquirida en la industria del ladrillo. Aunque fueron cuatro hermanos los que siguieron en el sector el legado de Saturnino padre, cada uno de ellos emprendió un camino empresarial diferente y solo dos, Nino y Ricardo, buscaron la visibilidad social que podían depararles otras ocupaciones públicas.

Ricardo Mirón accedió a la antigua Cámara de Comercio de Pontevedra y formó parte durante muchos años de los órganos de gobierno de esa entidad patronal, que finalmente llegó a presidir durante un único mandato. Su etapa al frente de la Cámara duró hasta que se produjo el pinchazo de la burbuja inmobiliaria,

Volatilizó sus empresas y dimitió cuando se declaró la suspensión de pagos de Construcciones Casasnovas en el 2010.

Aunque Ricardo coincidió con su hermano Nino en la directiva del Pontevedra, solo le secundó hasta desembarcar en la conversión en sociedad anónima deportiva, momento en que aquel asumió el paquete principal de títulos. Fue precisamente el período de Nino Mirón como accionista mayoritario y presidente del Pontevedra, que incluyó el histórico ascenso a Segunda A, la etapa más relumbrante socialmente de este empresario.

Los fichajes

El palco de Pasarón se convirtió en un foro muy apetecible para políticos y meritorios que procuraron durante años el favor del patrón granate. También fue la etapa de ciertos lujos como la sucesión de directores generales del club o la locura de fichajes de jugadores cuya propiedad se perdía en una nebulosa.

A partir del 2007 comenzaron los reveses económicos. Nino Mirón quedó atrapado entre una selva de créditos; emprendimientos muy audaces en ejecución como la urbanización Pazo Besada en Poio y otros en proyecto como los que pretendía en diversos puntos del litoral entre Sanxenxo y O Grove para los que tenía una cartera de solares adquiridos que los bancos rechazaban como prendas para renegociar los préstamos que no pudo atender y fueron hundiendo su emporio. Al mismo tiempo, la caída de sus empresas dejó un reguero de afectados entre proveedores, trabajadores, autónomos así como clientes y compradores de sus promociones, a los que ha dejado una secuela de daños colaterales. Los acontecimientos posteriores que ratificaron el declive patrimonial y social del propio Nino Mirón afectaron incluso a su salud.

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