Vigilantes en los oasis de la comarca

Tres socorristas hablan de su trabajo en las piscinas del rural, donde sus gentes combaten el calor diariamente


Pontevedra / La Voz

El ser humano, conocedor del medio que le rodeaba, ya se dio cuenta de que las estaciones iban y venían, y que a lo largo de unos cuantos cientos de días, podía distinguir cuatro estaciones. De ahí, al calendario, había un paso, y de ahí, a crear momentos y eventos que dieran paso a cada una de las estaciones había otro. Un santo, una festividad, una celebración... Sin duda, en los municipios del interior, la apertura de sus piscinas marca la llegada del verano. De ello se encargan sus socorristas, trabajadores que a lo largo de tres meses velan para que todo siga su curso.

Portas, Cuntis y Moraña sortean el calor tirándose a la piscina. Las playas quedan algo lejos, y no son pocos los vecinos que prefieren, en vez de coger el coche o el autobús de turno, dar una pequeña caminata, y sentarse en el césped -o en la madera, en el caso de Portas- y tener cientos de litros de agua clorada a un paso. Fran, Ana y Juan son los ojos que los vigilan, y las manos que los sanan cuando toca.

Para Juan López, es el primer verano en una piscina municipal. Viene de pasar unos cuantos en las playas de Marín, concretamente en Portocelo. El trabajo cambia radicalmente. «Es muy diferente, otro ambiente», explica el socorrista, natural de Campo Lameiro. «Aquí toda la responsabilidad cae en uno; en la playa llegamos a ser cuatro. Es un lugar tranquilo, y sinceramente, el mayor peligro que hay aquí, son los bordes de piedra donde los niños suelen rascarse al salir, o peor, darse con la cabeza mientras nadan». La de Moraña es una piscina con mucha afluencia, y esta pasada semana llegó a tener días con casi 200 personas.

Juan tiene experiencia, y asegura que se siente a gusto en este terreno. Todos los días acude más o menos la misma gente, y él, como ya entrenaba al equipo alevín de la villa, y además da clases de natación por la mañana, tiene la confianza y el cariño de los chavales que van llegando. Es un trabajo temporal pero que le brinda unos ahorros para el resto del año. Llegado septiembre, prosigue con sus estudios en INEF.

La Azucreira de Portas es un punto vital en el municipio. Como no podía ser de otra manera, su piscina también se encuentra situada en esta zona cultural y de ocio. El Concello buscó a un socorrista con urgencia, y finalmente lo encontró. Francisco Morrazo lleva un par de semanas ejerciendo en el puesto. Es su primera vez en una piscina, aunque el año pasado, al igual que su homólogo de Moraña, le tocara estar en la playa.

«La piscina te exige, casi, acabar de confidente de algunos niños, que, al fin y al cabo, es el público más numeroso», explica Fran, natural de Vilanova. «Tratas de educarlos en el uso de las instalaciones, porque si no, es un descontrol. Hay que ser un poco profesor, un poco padre... Conlleva más trabajo en ese sentido, porque el trato con los usuarios de una piscina es más cercano que el que puedas tener con una persona que va a la playa». En su caso, es también un trabajo que le da un sustento durante el verano, mientras que con la llegada de septiembre vuelve a sus ordenadores, ya que Fran estudia para ser instalador de sistemas informáticos.

En general, en las tres piscinas el ambiente es muy joven. Por un lado, niños pequeños que vienen a pasar la tarde con sus padres o familiares, y por otro, grupos de chavales adolescentes que reconocen que al no tener coche para acercarse hasta la costa, la piscina es la mejor opción para pasar el verano. Unas toallas, unas cartas y, cuando toca, un chapuzón como es debido.

En Cuntis, la piscina está, como quien dice, en el centro de la villa. Ana Tosar viene desde A Estrada para vigilar que todo se mantenga en su sitio, y que todo el mundo pueda darse un baño a sabiendas de que habrá una heroína que los saque del agua de suceder un imprevisto. Al contrario que Juan y Fran, ella sí había estado trabajando los dos últimos años en este tipo de recintos. «Son veranos tranquilos», reconoce. «Suele acudir la misma gente casi todos los días porque hacen la típica rutina veraniega. En poco tiempo ya nos conocemos todos».

Los tres reconocen que el trabajo les gusta, y que tratan de hacer buenas amigas con los usuarios. Al final del verano, puede que tengan más de un nuevo amigo. En la práctica, ambos recintos cerrarán a mediados de septiembre, momento en el que tocará vaciar, y esperar que el verano y el calor vuelvan a hacer acto de presencia en el calendario para poder inaugurarlo, oficialmente, con un candado abierto, una pequeña carrera, y un chapuzón de libro, aunque claro, procurando no salpicar o molestar, ya que de hacerlo, Ana, Fran y Juan echarán la bronca correspondiente.

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