De fábrica ruinosa a capital cultural

Una guardería, dos auditorios, piscina, centro de día, museo, pista de tenis... Todo ello convive en A Azucreira


Portas / La Voz

Como fábrica, la vida de A Azucreira fue relativamente corta. Se comenzó su construcción en 1899, abrió sus puertas a los pocos meses, y tuvo que echar el cierre en 1904. La competencia brutal entre las factorías de azúcar que se vivió en toda España, tras perderse las últimas colonias en Cuba y Puerto Rico -encargadas de abastecer de azúcar todo el país-, fue la culpable.

El Concello de Portas inició la recuperación del recinto en el 2003, tras adquirir el solar. Trece años después, el lugar se erige como la capital cultural del municipio, con unas instalaciones cuidadas, una recuperación sana del edificio y una cantidad asombrosa de actividades.

Su símbolo, la chimenea de más de 80 metros de alto, visible desde varios kilómetros a la redonda, permanece intacta y ha conseguido dejar atrás todas las trabas legales que supuso en su día convertirla en un mirador. A día de hoy, cuenta con un ascensor que sube y baja por su interior. Tarda un minuto en llegar a la cima y medio en bajar. Desde arriba, las vistas son de portal, pudiendo contemplar en su esplendor los ayuntamientos de Portas y Caldas, mostrando la mejor cara de ambos.

Además de esta faceta turística, el solar contiene un amplio prado verde, con columpios y parra, así como un auditorio de piedra al aire libre, junto a una pista de tenis y la piscina municipal.

Con el paso de los años, la construcción de nuevos edificios se fusionó con la fachada original, y lo que por fuera parece una fábrica abandonada, por dentro contiene pasillos llenos de vida, porque ahí radica la luz de A Azucreira, en que siempre hay vecinos de Portas en el interior.

Infancia y vejez conviven a escasos metros. La guardería del municipio también se encuentra aquí, al igual que el centro de día, mayoritariamente usado por la asociación de jubilados de Azucreira, que cada día llegan en autobús hasta la entrada para charlar, pasar el rato, y los fines de semana, hacer bailes y comidas.

Muchas de las fiestas, eventos y actividades organizadas a través del Concello se suceden en este acogedor paraje. Sin ir más lejos, la I Festa da Dona, el pasado fin de semana, se celebró en su entrada.

Varias salas de exposiciones, y un bar, también tienen a la vieja Azucreira como techo. Sus paredes cuentan ahora con fotos del municipio de los años 20 y 30, además de una colección de motos y bicicletas antiguas. También está la exposición permanente de casas de muñecas creadas por Manoli Barros.

El auditorio interior, con cientos de butacas y un gran telón granate, acoge decenas de obras y monólogos -muchos con llenos absolutos-, a lo largo del año.

Ha bastado poco más de una década para convertir una fábrica de azúcar, en un faro de cultura.

C. Pereiro

Portas / La Voz

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

De fábrica ruinosa a capital cultural