El día que Portas perdió el tren

El AVE motivó el cierre de un apeadero que perdía pasajeros cada año

La estación de Portas languidece sin uso pese a que hace unos años el ADIF invirtió miles de euros en su renovación.
La estación de Portas languidece sin uso pese a que hace unos años el ADIF invirtió miles de euros en su renovación.

portas / la voz

Una estación fantasma. Con accesos, servicios y señalización intacta, como si el tiempo se hubiese detenido en ese lugar. El apeadero de Portas solo necesita dos cosas para volver a la vida: pasajeros y trenes. Aunque la añoranza y los manifiestos a favor del tren de los vecinos parece que no bastarán para recuperar el servicio de cercanías en el municipio que dejó de cruzar el municipio hace siete años, el 20 de julio del 2008.

La llegada de la alta velocidad dio la puntilla a una estación que vivió su esplendor en la segunda mitad del siglo XX y que languidecía desde principios de siglo. La falta de pasajeros llevó al ADIF a suprimir la parada, una decisión que enrabietó a los vecinos de Portas, que guardaban un cariño especial a su tren.

A día de hoy, la estación solo es utilizada por un tren de mercancías de una empresa de cemento que descarga a diario en Portas.

Unos kilómetros mas allá de la estación, las consecuencias del abandono ya se hacen visibles. Parte del hierro de la vía fue vendido con el cierre de la línea y otra parte está siendo saqueado, mientras la plataforma Salva o Tren mantiene la esperanza de recuperar algún día su estación.

La despoblación del rural es una de las culpas que cargan sobre el AVE los miembros de esta plataforma vecinal nacida a raíz del cierre de este apeadero. Antiguamente, los estudiantes utilizaban el ferrocarril a diario para desplazarse tanto a Santiago como a Vigo, recalca Lucía Latorre, portavoz del colectivo. «Era un medio de transporte asequible para la época», argumenta. Ahora no les queda otra opción que asentarse en esas ciudades para completar sus estudios y muchos de ellos ya no vuelven a Portas.

La culpa de la pérdida del tren no recae solo sobre los políticos o sobre el ADIF. Los vecinos, con sus costumbres y comodidades, son también responsables. Al generalizarse el uso del coche, se dejó de usar el tren. Pero la crisis obligó a muchos a aparcar su turismo por no poder pagar seguros, combustible o la letra y «se encuentran con que ahora no tenemos otro medio de transporte», lamenta Latorre.

La razón oficial de la clausura del apeadero, la falta de pasajeros, no convence a los miembros del colectivo, que defienden que «la estación de Portas se dejó morir». Denuncian que durante los últimos años de actividad la estación estaba abandonada, no había luz, ni servicios, ni personal comercial ni de mantenimiento. Tampoco se cobraba el ticket a los pasajeros en numerosas ocasiones, recuerda la portavoz de Salva O Tren. Por tanto, era imposible contabilizar el número de pasajeros que hacía uso de la estación.

Paradójicamente, un año después del cierre de una estación en ruinas, el ADIF anunció sus obras de restauración en Portas por valor de 70.000 euros, que devolvieron el esplendor al apeadero cuando ya no era necesario.

La plataforma, que criticó en su momento el despilfarro, ve ahora la obra como un estímulo para retomar su lucha y aprovechando que se conserva buena parte de la línea férrea y que el coste económico de establecer una línea de tren entre Vilagarcía y Pontevedra que pase por Portas no resultaría demasiado caro, recobran la esperanza de recuperar este «símbolo de vida, progreso y prosperidad». Otro motivo para la esperanza es el logro de mantener el ancho de vía que permite la compatibilización de la alta velocidad con el ferrocarril tradicional de Galicia. Un doble uso que permitió la conservación de estaciones intermedias y que está revitalizando otros apeaderos abandonados como el de Arcade. Por estas razones, «en Portas todavía mantenemos la esperanza de que vuelva a funcionar el tren, aunque es difícil», sentencia Latorre.

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