Diego Ramos: «La pintura taurina no consiste en copiar un pase, consiste en transmitir el alma que hay detrás de el»
PONTEVEDRA CIUDAD
El protagonista del cartel de la Feria de A Peregrina de Pontevedra es Roca Rey: «Es un torero con una energía extraordinaria y muy reconocible»
29 jul 2026 . Actualizado a las 12:14 h.Tras más de veinticinco años realizando carteles para algunas de las ferias más importantes del panorama taurino, Diego Ramos vuelve a poner su firma al cartel anunciador de la Feria de A Peregrina 2026. Pintor de referencia de la tauromaquia contemporánea, afincado en Francia y con obra repartida por España, México y Estados Unidos, habla de su manera de entender la pintura, del toro como fuente inagotable de inspiración y del reto de convertir una corrida de toros en una emoción sobre el lienzo.
-Lleva más de dos décadas colaborando con la casa Lozano, ¿qué tiene de especial trabajar para una empresa que siempre ha concedido tanta importancia a la imagen de sus ferias?
-Eso es precisamente lo que más valoro. No todas las empresas entienden el cartel como una parte importante de la feria. Ellos sí. Siempre han cuidado muchísimo la cartelería y buscan que cada año tenga una identidad propia. Pablo Lozano, además de empresario, es escultor, tiene una sensibilidad artística muy desarrollada y eso hace que trabajar con ellos sea muy fácil.
-En esta ocasión el protagonista es Andrés Roca Rey, ¿por qué él?
-Porque representa muchas cosas. En los últimos años habíamos trabajado una imagen más clásica del torero y este año queríamos reflejar esa fuerza nueva que ha aportado Roca Rey a la tauromaquia. Es un torero con una energía extraordinaria y muy reconocible. Esa intensidad era perfecta para el cartel de Pontevedra.
-¿Hasta qué punto un cartel taurino debe ser una obra artística y hasta qué punto una herramienta publicitaria?
-Tiene que ser ambas cosas. Nunca debemos olvidar que un cartel anuncia una feria. Su primera obligación es atraer al espectador. Tiene que hacer que alguien se detenga delante de él y quiera saber qué ocurre detrás de esa imagen. Pero también debe permanecer en el tiempo. Un buen cartel es aquel que años después sigue teniendo personalidad propia y recuerda una gran feria.
-Usted habla muchas veces de «pureza», ¿qué significa esa palabra cuando pinta un torero?
-No hablo de pureza como un concepto antiguo o rígido. Para mí la pureza es verdad. Es conseguir que un gesto, una mirada o un pase transmitan autenticidad. Cuando un torero torea de verdad, eso se percibe, aunque la pintura sea muy sintética.
-Su pintura ha ido haciéndose cada vez más libre.
-Sí. Antes buscaba describir más. Ahora intento sugerir. Con menos pinceladas puedo contar mucho más que hace veinte años. Esa libertad me la han dado el tiempo y la experiencia.
-¿Se aprende a pintar o se aprende a mirar?
-Las dos cosas. Hay que aprender el oficio, claro, pero sobre todo hay que aprender a mirar. Yo llevo toda la vida viendo pintura. Necesito visitar museos, observar a los grandes maestros, aprender continuamente. Eso alimenta mi pintura.
-¿Quiénes siguen acompañándole cuando se pone delante de un lienzo?
-Muchos. Velázquez. Sorolla. Antonio López. Los impresionistas franceses. Picasso. Incluso los antiguos cartelistas valencianos. No intento parecerme a ninguno, pero todos siguen estando presentes de alguna manera.
-Usted suele decir que en su cabeza caben muchos pintores.
-(Ríe) Sí, igual que al buen aficionado le caben muchos toreros. Cuando eres joven intentas parecerte a quienes admiras. Con el tiempo descubres que todos ellos simplemente forman parte de tu aprendizaje y acabas encontrando tu propia voz.
-Su relación con la tauromaquia empieza prácticamente desde la cuna.
-Absolutamente. Mi padre fue durante sesenta años artesano de monteras. En mi casa siempre hubo toreros entrando y saliendo, fotografías, carteles, libros... La tauromaquia nunca fue algo ajeno. Era la vida cotidiana.
-¿Recuerda el momento en que decidió que quería pintar toros?
-Nunca hubo una decisión concreta, Simplemente empecé a hacerlo. Pinto desde que tengo cuatro o cinco años, Mi primer óleo lo hice con doce, Entré en Bellas Artes siendo un adolescente, La pintura siempre ha estado ahí.
-Sin embargo, usted también pinta flamenco, anatomía o retrato.
-Sí, pero el toro siempre acaba apareciendo. Tiene una fuerza visual que muy pocos temas poseen.
-Ha dicho alguna vez que incluso es más bonito pintar un toro que un torero.
-Lo sigo pensando. El toro es impresionante. Tiene potencia. Belleza. Movimiento. Desde las pinturas rupestres hasta hoy ha sido un símbolo universal. Es una fuente inagotable de inspiración.
-¿Qué resulta más complicado?
-Transmitir emoción. Eso siempre. Pintar una figura correcta puede hacerlo mucha gente. Conseguir que alguien se emocione delante de un cuadro ya es otra cosa.
-¿Cómo trabaja?
-Normalmente utilizo fotografías y vídeos. Hoy son herramientas extraordinarias. También hago muchos apuntes. La fotografía no sustituye al pintor. Simplemente le permite estudiar mejor lo que quiere contar.
-¿Hay toreros que le despiertan especialmente las ganas de pintar?
-Claro. Siempre me ocurrió con el padre de Manzanares. Con Curro Vázquez. Con Rafael de Paula. Hoy también con Morante. Hay toreros que, simplemente, te obligan a coger los pinceles.
-Ha hablado muchas veces de Rafael de Paula.
-Fue muy importante para mí. Yo lo admiraba muchísimo antes de conocerlo. Después tuve la fortuna de tratarlo y descubrí una persona completamente distinta a la imagen que muchos tenían de él. Era un hombre culto, sensible y con una enorme pasión por el arte. Aquella relación reforzó todavía más mi admiración.
-Vive desde hace años en Francia. ¿La distancia le ha cambiado la manera de mirar la tauromaquia?
-Sí. Cuando uno sale de su entorno aprende a valorar mucho más sus raíces. La tauromaquia forma parte de mi cultura y también de mi manera de entender el arte. Vivir fuera me ha hecho ser todavía más consciente de ello.
-En ocasiones ha comentado que el mundo actual nos obliga a vivir demasiado deprisa.
-Vivimos rodeados de pantallas. Todo ocurre muy rápido. La pintura y la tauromaquia obligan justamente a lo contrario: a detenerse, a observar, a contemplar y eso hoy tiene muchísimo valor.
-Incluso en nuestra relación con el mundo rural.
-Sí. Muchos niños de hoy apenas tienen contacto con los animales o con el campo. Es una consecuencia lógica de una sociedad cada vez más urbana. Quienes crecimos cerca de ese entorno lo vivimos de otra manera. La tauromaquia, además de ser un espectáculo, conserva ese vínculo con la naturaleza y con el toro bravo, y eso también forma parte de su riqueza cultural.
-Está terminando una gran colección para Estados Unidos.
-Es probablemente el proyecto más importante que tengo ahora mismo. Son doce grandes lienzos dedicados a toreros que han marcado una época. Llevo tres años trabajando en ellos y ya estoy terminando los dos últimos. Ha sido un trabajo enorme, pero muy ilusionante.
-Después de tantos carteles pintados, ¿qué espera cuando vea el de Pontevedra colgado por las calles?
-Que la feria sea un éxito. Eso es lo verdaderamente importante. Los carteles terminan formando parte de la historia cuando detrás hay grandes corridas, grandes faenas y una afición que las recuerda con cariño. Si dentro de unos años alguien conserva el cartel de Pontevedra porque le trae a la memoria una gran Feria de la Peregrina, entonces habremos conseguido exactamente lo que buscábamos.