Caras largas en el Pontevedra en una vuelta al trabajo que sigue marcada por la incertidumbre

A. Davila PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Rubén Domínguez siguiendo la corta sesión de entrenamiento de este lunes en A Xunqueira
Rubén Domínguez siguiendo la corta sesión de entrenamiento de este lunes en A Xunqueira ADRIÁN BAÚLDE

El equipo granate regresó a los entrenamientos este lunes mientras espera por una respuesta oficial de la Federación sobre su reclamación para estar en el playoff

25 may 2026 . Actualizado a las 17:00 h.

El Pontevedra CF regresó este lunes al trabajo con el mismo gesto serio con el que el sábado por la noche abandonó Pasarón. Día y medio después del empate ante el Real Avilés y de aquella celebración interrumpida por un playoff que nunca llegó a ser oficial, la plantilla sigue sin una respuesta clara que confirme o desmienta su exclusión de la lucha por el ascenso a Segunda División.

El equipo vivió el sábado una noche tan eufórica como cruel. Tras ir perdiendo 0-2 y verse fuera del playoff desde el minuto 3, el Pontevedra logró un empate agónico en el 105 que desató una celebración masiva en Pasarón. Incluso la cuenta oficial de Primera Federación y la crónica del Real Madrid Castilla daban por hecha la clasificación granate. Pero el triple empate con Castilla y Barakaldo abrió un caos normativo: las bases de la competición parecen no ir en contra de los intereses del Pontevedra, mientras que el reglamento general, de rango superior, deja fuera a los granates al aplicar criterios excluyentes. Durante más de dos horas nadie tuvo confirmación oficial y, de momento, el club granate considera que sigue sin tenerla. Lo único en claro son las publicaciones en las redes sociales de la Federación, haciendo oficiales los cruces y horarios del playoff que empieza este fin de semana y que sitúan al filial del Real Madrid en quinto lugar como rival del Sabadell. 

Con todo esto, la primera sesión de entrenamiento del Pontevedra para esta semana, fijada para las 10.00 horas en A Xunqueira, no llegó a completar ni una hora. En un ambiente espeso, con la seriedad más propia de un día posterior a una eliminación que de una semana de playoff, los jugadores realizaron estiramientos y ejercicios de activación antes de dar por concluido el entrenamiento. La habitual sesión ligera de los lunes, centrada en la recuperación, se convirtió esta vez en un trámite imposible de sostener. Así, llevar a cabo una sesión de trabajo completa era más un ejercicio de fe que otra cosa.

Los jugadores recogiendo a los 10 minutos de empezar el trabajo con balón
Los jugadores recogiendo a los 10 minutos de empezar el trabajo con balón ADRIÁN BAÚLDE

«Así no se puede trabajar, no estamos concentrados. Es imposible», se escuchó desde el césped. La mezcla de rabia, impotencia y desconcierto ha restado horas de sueño y energía a un vestuario que, más que ganas de preparar una eliminatoria, lo que tiene ganas es de una respuesta definitiva. No es derrotismo, eso lo dejó claro una plantilla y un cuerpo técnico que, pese a todo, se sienten preparados para cualquier batalla futbolística que se le pueda presentar en cuestión de días. Es solo la impotencia de saber que esta vez su futuro inmediato no está ni en sus manos ni en el verde de un campo de fútbol. Prueba de ello es que el equipo vuelve a entrenar este martes

Las oficinas no paran

Mientras el balón apenas rodaba en el Manolo Barreiro, el verdadero trabajo se sigue desarrollando a pocos metros, en las oficinas del estadio. El club terminó de redactar en la madrugada del sábado el escrito de reclamación presentado ante la Federación, en el que muestra su disconformidad con la clasificación final de la jornada 38. Desde entonces, los servicios jurídicos granates continúan preparando todos los escenarios posibles.

A la espera de una resolución, el Pontevedra insiste en que llevará el proceso hasta el final, convencido de que su postura se sostiene en lo jurídico, en lo humano y en lo estrictamente deportivo. La plantilla, mientras tanto, continúa entrenando en un limbo que no se despeja y que mantiene en vilo a toda la ciudad.