La librería de Pontevedra en la que Juan Carlos I sigue siendo el rey

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Eli y Lourdes, de la librería Escolma, con dos de los libros que más se han vendido en los últimos tiempos.
Eli y Lourdes, de la librería Escolma, con dos de los libros que más se han vendido en los últimos tiempos. SERGIO SUEIRO

Escolma, en el centro pontevedrés, abrió sus puertas en 1987, cuando los empleados de una papelería mítica cogieron su testigo. Hoy en su clásico en la urbe, donde las memorias del emérito encandilan y se venden las mejores plumas estilográficas

13 mar 2026 . Actualizado a las 20:13 h.

Érase una vez una librería, Escolma, en el corazón de Pontevedra, con un pasillo de escaparates llenos de sueños en forma de papel. Érase una vez un negocio que vende cuentos pero que, en realidad, es una gran novela de la vida con décadas de páginas de detrás. Porque Escolma nace con este nombre en el año 1987. Pero su historia comienza muchísimo antes. Porque esta papelería se construyó con las cenizas de un local mítico de Pontevedra, la librería Luis Martínez Gendra, que estuvo muchos años operativa y cuyo dueño, Luis, era uno de esos libreros de raza y oficio que llevaba en las venas recomendar y vender libros. Fueron cuatro de sus empleados los que tomaron las riendas del local y lo bautizaron con una palabra gallega, Escolma, que asombró a muchos, que, en los años ochenta del siglo pasado, se preguntaban qué era eso de calzarle un vocablo de la lengua rosaliana a un local comercial. Han pasado casi cuarenta años desde entonces. Y Escolma, que saluda a los clientes desde la calle García Camba, aguanta sin problema el adjetivo de clásica. Lo es. Tanto, que para sus clientes y lectores Juan Carlos I sigue siendo el rey... igual no de la Zarzuela, no nos engañemos, pero sí de las ventas, porque esta Navidad agotaron su libro de memorias.

Entramos en Escolma, que tiene tanto una vertiente de papelería como otra de librería, de la mano de Lourdes Rodríguez, una veterana detrás del mostrador de la librería. Ella mira atrás con orgullo, pensando en esos empleados que le echaron agallas para seguir adelante con el negocio de Luis Martínez. Dice que eran otros tiempos y que, entonces, las superficies comerciales o no estaban o al menos no se metían a vender papelería, algo que ella critica que hagan —«cada uno debería atender a su sector», señala—. Lourdes fue testigo de años dorados, donde el arranque del colegio era sinónimo de grandes colas en la papelería durante al menos un mes y los libros de texto o mochilas se vendían por doquier. Explica que llegaron a estar nueve personas trabajando a la vez. Y que todo era poco porque se despachaban libretas y demás a una velocidad vertiginosa. Pero los tiempos fueron mudando, la competencia aumentó y a Escolma le tocó entonar eso de renovarse o morir.

Hizo lo primero y buscó tener aquellos productos, sobre todo en papelería, que otros no trabajan. Lourdes habla con pasión de la variedad de plumas estilográficas o bolígrafos que ofrecen. Algunos llegan a trescientos euros pero, por cien, tienen piezas tan bonitas como exclusivas. Venden también álbumes para sellos o monedas y se encargan de arrojar luz a quienes llegan perdidos porque les regalaron una pluma y no logran escribir con ella: «A veces las venden sin carga, es algo que no entendemos. Nosotros procuramos buscarle una que le sirva para que la pluma no quede sin utilizar», dice Lourdes.

Con un público que se ha ido haciendo mayor y que es clásico, Escolma también es especialista en artículos como vades, es decir, esos tapetes de piel que médicos u otros profesionales suelen tener sobre las mesas de sus despachos. «Eso y otros artículos de oficina se regalan mucho», señala Lourdes Rodríguez. 

Pero Escolma también es o incluso esencialmente es un lugar de libros; un sitio al que los abuelos y padres llegan con los niños para que se lleven el siguiente número de Policán o Chikigato, ambos muy de moda. Y también es un local totalmente apegado a las novedades literarias. De todo ello habla Eli, entusiasta lectora y vendedora de esas letras mágicas que son los libros. Cuenta ella que a la clientela de Escolma le tiran personajes como el rey emérito, cuyas memorias fueron muy vendidas —ahora algo ha bajado—. No ha convencido tanto Urdangarín, cuyo libro tienen en la mesa de novedades pero de momento no suscita muchas ventas. También las Preysler y su vida de glamur tuvieron su cuota de éxito y, desde luego, su libro fue más demandado que el Mar en calma de Mar Flores.

Cuenta Eli que no son ajenos a los fenómenos literarios. Y que el último que vivieron fue el éxito de Comerás flores, de la autora marinense Lucía Solla: «Eso fue un show. En Reyes lo agotamos, no había manera de conseguirlo», explica. Dan también oportunidad a quienes publican sus propios textos o a autores locales. Y a veces se llevan gratas sorpresas, como el exitazo que obtuvo Barrio hebreo, del pontevedrés Pedro de Lorenzo y Macías. Eli da títulos y más títulos. Si la escucha Luis, el antiguo y fallecido librero, seguro que está feliz.