Rufo, delantero de la UD Ourense: «Me puse el reto de jugar hasta los 40 años»
PONTEVEDRA CIUDAD
El ariete afincado en Pontevedra también golea en O Couto, a donde llegó tras su periplo por la ciudad del Lérez, Filipinas y Tailandia
23 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Rufino Familiar Sánchez (Madrid, 1986) es una figura bien asentada en el ecosistema del fútbol gallego. Y eso que aquel joven que soñó con ser profesional, enfundado en la camiseta colchonera del Atlético, consiguió a la postre vivir del fútbol a través de un rodeo de 12.000 kilómetros, anotando en los repletos estadios de Filipinas y Tailandia. Es lo que tiene un deporte tan universal, pretexto idóneo para convertirlo en ídolo en Pontevedra en menos de seis años, antes de llegar a la UD Ourense con la motivación de volver a jugar con un amigo. En un vestuario atestado de jóvenes debutantes en la Segunda Federación, reivindicó su carisma y su condición de hombre de equipo. Ni ha completado su primer curso y ya es uno de los favoritos de la afición. Lo de que los goles son amores es mucho más que un tópico.
—¿Pensó alguna vez que su carrera sería tan larga y a la vez tan exótica?
—En una cantera como la del Atlético de Madrid piensas en llegar al primer equipo o, al menos, al fútbol profesional, pero no es fácil y en momentos importantes no tuve suerte. Además, de joven fui un poco rebelde y a los 16 años mi padre me hizo ver que si no iba a aprovechar mis estudios era mejor que arrimara el hombro en el negocio familiar —un restaurante—, así que alterné ese trabajo con el fútbol hasta que surgió la oferta de Filipinas. Allí fue, realmente, donde tomé conciencia de lo que era el profesionalismo.
—¿Le costó mucho decidirse a emprender esa aventura en el balompié asiático?
—No lo tenía nada claro. Me aconsejé con la familia y mi esposa también se vino conmigo. En principio se trataba de probar unos pocos meses, pero el Stallion era un recién ascendido y ese año todo salió perfecto. Ganamos la Liga Filipina y fui el máximo goleador, así que me quedé en Asia siete años. Primero me fichó el equipo más poderoso del país, el Global, y después pasé a Tailandia, donde el nivel es más exigente y jugué en el Rayong y el Songkhla. Tuve la oportunidad de vivir lo mejor del fútbol profesional, con estadios abarrotados y competiciones internacionales. Pasé a dedicarme las 24 horas al deporte, a cuidar al máximo mi físico, mi alimentación. Me salió bien y mi cuerpo lo notó. Seguramente es por eso que estoy desarrollando una carrera tan larga.
—Y regresó a España aún con cuerda para dar mucha guerra y con una experiencia notable.
—La Champions de Asia me ayudó muchísimo a mejorar, a la vez que fue realmente enriquecedor jugar en otros países como Vietnam, Corea del Sur o Singapur. Pero aunque allí vivíamos muy cómodos, cuando mi esposa se quedó embarazada de nuestra primera hija, decidimos que era preferible que naciera en Madrid y se criara en nuestro país, así que regresé al Internacional. Y se nos dio bien el regreso a casa a todos los niveles.
—¿Anotar doce goles en media liga de Segunda B lo animó a buscar nuevos desafíos en Pontevedra?
—En realidad lo que me empujó a decidirme es que apostaron por mí muy fuerte y me presentaron un proyecto muy ambicioso. Aunque no era, ni mucho menos, un viaje tan largo como el de Asia, nos atraía mucho conocer el norte del país y lo que vimos nos gustó desde el principio. Una ciudad más pequeña, con muchas zonas peatonales y un ambiente perfecto para criar a nuestra hija. Por si fuera poco, algo que no teníamos en Madrid como era la playa a diez minutos en coche. Nos encantó.
—Ascendió dos veces a Primera Federación con el Pontevedra y además volvió a afianzarse como ídolo de otra afición, más allá incluso de Pasarón.
—Aún me sorprendo hoy, porque la gente sigue acercándose a mí e incluso siguen mi trayectoria en la UD Ourense y me preguntan que tal me fue cada semana. Siempre me han mostrado mucho cariño, desde el principio.
—¿Residirá en Galicia después del fútbol?
—Nunca se sabe que pasará en el futuro, pero creo que al menos hasta que criemos a nuestras hijas estaremos aquí. Aún tienen 4 y 9 años. La mayor tiene su círculo y la pequeña incluso nació en esta ciudad.
—¿Se está formando como entrenador?
—No me gusta nada. He viajado mucho y la vida en el banquillo es muy inestable. Sí creo que seguiré ligado al fútbol, pero no sé aún de qué forma.
—¿La UD Ourense y sus goles reavivan su instinto de futbolista?
—Mi amigo Pol Bueso ascendió con ellos y me dijo maravillas del club, que no tardé en comprobar cuando hablé con Borja Fernández y Fernando Currás, que me transmitieron su ilusión. Quería coincidir de nuevo con Pol en un vestuario antes de retirarme y me puse el reto de jugar hasta los 40 años, que los cumpliré el próximo diciembre, así que ya falta menos y después ya veremos hasta cuando aguantamos. Somos los abuelos, pero aunque somos muy familiares, nos va el jaleo, las bromas y liarla un poco. Estamos en un lugar idóneo, por equipo, por afición y por ciudad.
En Corto
De Pontevedra a Ourense y vuelta tras las sesiones de entrenamiento y los partidos. Rufo ha encontrado un entorno favorable cerca de As Burgas y le permite mantener su ritmo de vida sosegado, sin que se apague la llama de su pasión por el fútbol.
—¿Es bueno en la cocina?
—Prefiero que me la sirvan en la mesa, pero con dos hijas pequeñas no tienes más remedio que apañarte en la cocina lo mejor que se pueda.
—¿Lo marcó la gastronomía asiática?
—Sí, nos impactó bastante, sobre todo el picante, que lo usan como aquí la sal. Aún seguimos siendo aficionados a la comida asiática.
—¿Una buena película o una serie?
—Las películas. Me gustan las de robos e historias similares, tipo Ocean's Eleven, pero al final el 90 % de las que veo son de dibujos animados por las niñas y mi esposa me cuela cuando puede alguna romántica.
—¿Se fija mucho en los automóviles de alta gama?
—No es algo que me atraiga demasiado, prefiero uno cómodo para la familia.
—¿El país que más le sorprendió y el que no se perderá?
—Singapur me impresionó mucho y Vietnam me fascinó desde que llegué. Tengo pendiente visitar Japón. Ahora estamos más lejos, pero lo intentaremos.
—¿Una clave de éxito para sus compañeros?
—Aporto mi experiencia, pero el éxito ya lo lograron con la fórmula más eficaz. Un ambiente muy sano en el vestuario, como se puede ver en los vídeos, y remando todos juntos, juegue quien juegue.