James y la pequeña gran comunidad internacional de la grada de Pasarón
PONTEVEDRA CIUDAD
Este aficionado británico al «fútbol terrible» se enamoró del Pontevedra tras una derrota en casa la temporada pasada
25 oct 2025 . Actualizado a las 19:58 h.Hay amores que no se buscan y que te golpean sin avisar, como un balonazo directo si te sitúas en la grada de detrás de la portería. James no planeaba enamorarse del Pontevedra Club de Fútbol, simplemente buscaba conocer un poco mejor cómo era el fútbol humilde español o, como a él le gusta decir, «el fútbol terrible».
Aquel día de octubre del pasado año, el joven británico de Huddersfield entraba por primera vez al estadio de Pasarón, curioso, con el mismo espíritu con el que se asoma uno a una historia que no sabe que le cambiará la vida. En el cartel figuraba un Pontevedra-Marino, partido por aquel entonces de Segunda Federación que terminó en derrota pontevedresa. Lo que ganó aquella tarde fue mejor que ver lograr los 3 puntos, significó el comienzo de una conexión entre sus islas británicas y la ciudad del Lérez.
James llegó a Galicia el curso pasado para trabajar como auxiliar de idiomas en un instituto de Vigo y en tierras gallegas encontró algo inesperado: una grada, una bandera granate y una familia. Lo que empezó como una simple visita al fútbol se convirtió en un sentimiento que hoy le atraviesa el pecho. «Ahora ya soy socio y podré venir siempre», dice con la sonrisa de quien ya se sabe parte de algo más grande después de las primeras visitas esporádicas de hace un curso.
La suya es una historia de amor a primera vista. No de esas que nacen de la perfección, sino de las que se enraízan en lo imperfecto. Porque James tiene un gusto especial por el fútbol humilde, por las historias pequeñas que construyen identidad. «Me encanta el fútbol terrible, un nivel más bajo. Mi equipo en Inglaterra fue muchas veces el peor, el que tenía menos puntos o menos goles. Me gusta más la gente que apoya a su equipo por lo que representa, no por lo que gana». Y de ahí nace su idilio con Pasarón. En el estadio pontevedrés, cada jornada de fútbol sigue siendo un acto de pertenencia, una comunión de gente que se sabe parte de una ciudad para conformar esa comunidad de fieles que en Pontevedra se ya conoce como los dos mil de siempre.
Aunque trabaje en Vigo, una ciudad con un equipo en la élite del fútbol español y actualmente también en competición europea, James ha escogido el sonido del bombo de Fondo Norte. «A la Copa del Rey no vine el año pasado porque no había entradas para Norte. Si no es en Norte, no quiero venir», confiesa con la convicción de quien ha encontrado su sitio en esta etapa en Galicia. Porque en algunas gradas no se va a ver, sino a sentir. No hay ni cámaras, ni turistas, ni la artificialidad que este mismo fin de semana se verá en un Real Madrid-Barcelona que ya ha trascendido lo deportivo para convertirse en un fenómeno global que se vende como un fenómeno turístico, más cercano a un gran concierto que a un deporte. En el Fondo Norte encuentra pasión, sudor y una voz colectiva que, cuando el equipo lo necesita, empuja desde el alma como ha ocurrido el pasado sábado.
Efecto contagio
El amor de James por el Pontevedra no se quedó en lo individual. Como quien presenta a su pareja a los amigos, James decidió compartir su descubrimiento con sus compañeros de profesión. El primer día de la nueva temporada acudió con dos colegas. El pasado sábado, ante Osasuna B, ya eran quince entre británicos y norteamericanos los que se integraban en el sector más ruidoso de Pasarón, aprendiendo nuevos cánticos y descubriendo lo que él ya sabía: que en el fútbol también se puede encontrar un hogar y una familia. «He traído conmigo a casi 15 personas para convertirlos a la legión del Pontevedra. Ellos me dicen que estoy loco, pero quiero enseñarles que hay comunidades en el fútbol que son amistosas. Solo llevo cinco partidos con el grupo de Siareiros y ya son como una familia», comparte James.
El joven británico no olvida sus raíces. Sigue con devoción al Huddersfield, el club de su vida. «En 2018 estuvimos en Premier League por dos años. El primer año fue la mejor temporada de mi vida. Fui abonado durante 12 años y viajé por toda Inglaterra. Mis amigos han estado en casi 50 estadios». Esa tradición de peregrinar por campos desconocidos ahora quiere replicarla en España. Ya estuvo en Ourense y planea viajar a Carballiño y Salamanca siguiendo al Pontevedra.
Y como todo enamorado moderno, James también comparte su pasión en las redes. Ha creado una cuenta en X dedicada al Pontevedra, diseña pegatinas, ha hecho su propia bandera y retrata con su cámara la vida de las gradas, los cánticos y los abrazos.
Al final, James habla del fútbol como quien habla del amor. Sabe que duele, que exige paciencia y entrega, pero también que recompensa con momentos de pura felicidad. Y en una tarde de octubre del pasado año, entre cánticos de Siareiros Granates y un balón que rodaba en Pasarón, James fue alcanzado por una flecha invisible. Desde entonces, su corazón está dividido entre la morriña futbolística del equipo de su tierra y este nuevo amor surgido de una derrota ante el Marino de Luanco.